18 de marzo 2014 - 00:00

Esperando que Yellen saque papas del fuego

La lista de calamidades es numerosa. Y está regada de asuntos delicados, vidriosos, susceptibles de complicarse con facilidad. Sin embargo, la contabilidad de los daños en Wall Street todavía es llamativamente modesta. Fuera de EE.UU. -en Europa (-4%), Japón (-6,2%) y las economías emergentes- el cimbronazo semanal resultó severísimo y suma a un fuerte deterioro acumulado. Las Bolsas de los países sensibles como Rusia y China cotizan a los mínimos, respectivamente, de cuatro años y medio, y cinco años. En contraste, y más allá de todas las prevenciones por su valuación recargada, el S&P 500 apenas devolvió un 2% desde los máximos. Si no se habla de crisis hecha y derecha -y ni siquiera de corrección- es porque Nueva York no esconde la voluntad de lanzar un contraataque por cualquier hendija que se abra en la maraña de malos presagios. Y, por cierto, bastaría con que la Fed no observe la existencia de riesgos de inestabilidad financiera para aventar los nubarrones.

Como se dijo, la agenda de preocupaciones es muy nutrida. Ucrania se tornó importante tras la intervención abierta de la Rusia de Vladimir Putin y la amenaza de escisión de Crimea. La Europa de Merkel -la dama de hierro trocó en gusano de seda- contribuyó a gestar el problema, pero no pudo manejarlo. EE.UU. debió suplir la omisión de liderazgo regional y tomó a su cargo la tarea urgente de la contención. Pero la ofensiva le pertenece a Moscú. ¿Podrá el presidente Obama disuadir a los rusos y restringir su apetito sin que antes escale el conflicto? Putin fracasó con su plan A (Yanúkovich), ¿cómo confiar en que no cometerá otro error de cálculo? En todo caso Europa ya no será la misma. La tensión geopolítica resucitó y no se percibirá a pleno, como antes, el tácito dividendo de la paz (al menos mientras Putin conserve el poder).

En simultáneo, China es otro foco de estrés, aunque de naturaleza puramente económica. Su desaceleración es innegable -las últimas cifras son compatibles con una expansión inferior al 7%- si bien puede discutirse si se trata de un fenómeno temporario, o de la paulatina convergencia a su potencial de crecimiento secular. Beijing se embarcó en un proceso de reforma de su sistema financiero -incluyendo sus nexos fiscales- y la pregunta del millón, esta semana, era más acuciante. ¿Afrontará también una crisis crediticia de magnitud? En caso afirmativo, la utilización de garantías físicas en la intermediación en las sombras -como mineral de hierro y cobre- podría multiplicar el impacto negativo si se fuerza su liquidación desordenada.

Un inversor de largo aliento, el más exitoso, Warren Buffett, el gurú de Omaha, dejó escapar un consejo el viernes: no venda sus acciones por temor a Ucrania y China (manténgase a distancia, eso sí, de los bitcoins). Sus colegas de menos prosapia, esta vez, piensan parecido. Y, en general, han obrado igual. Las discrepancias, si surgen, vendrán ahora. La llave para Buffett es la selección cuidadosa de buenos papeles a precios moderados y su tenencia a largo plazo. Créase o no, pocos lo acompañan en tal tesitura. Para los que mueven su cartera más a menudo, la razón para mantener o vender posición será lo que la Fed tenga que decir tras su reunión de hoy y mañana. Si Janet Yellen no objeta la efervescencia de los activos de riesgo, la plataforma para lanzar el contraataque quedará habilitada, y Ucrania y China podrán ser actores de reparto. El tapering de la Fed ya no perjudica. Y la Bolsa podrá surfear las olas locales aunque en el extranjero no calme la marejada (más todavía si los nuevos flujos se canalizan hacia EE.UU.). ¿Qué se espera de Yellen? Quizás que replique los dichos de Bill Dudley de la Fed de Nueva York diez días atrás: "No veo excesos", el "apalancamiento ha caído" y "la expansión crediticia ha sido lenta", aunque puede haber "algunos pocos bolsones". Cuánto tiempo durará un rally así construido es debatible. Será difícil que la Fed no vocee estas preocupaciones en las minutas. Pero eso irrumpirá recién tres semanas más tarde y, salvo para Buffet, tres semanas es una eternidad.

Dejá tu comentario