27 de agosto 2014 - 00:00

“Esta historia es como una bisagra entre dos momentos de Medellín”

Franco: “Ha habido cambios muy positivos en Medellín, pero sigue enquistada esa mentalidad de dinero fácil que es una herencia nefasta del narcotráfico”.
Franco: “Ha habido cambios muy positivos en Medellín, pero sigue enquistada esa mentalidad de dinero fácil que es una herencia nefasta del narcotráfico”.
Cuando García Márquez leyó la novela "Rosario Tijeras" llamó a su compatriota Jorge Franco para proponerle que dictara clase en su taller "Cómo se cuenta un cuento" en la Escuela de Cine de San Antonio de Los Baños, Cuba. Hace 15 años "Rosario Tijeras", multipremiada, llevada al cine y convertida en telenovela, impulsó el género de la narconovela. Ahora, con su nueva novela, "El mundo de afuera", Jorge Franco conquistó el Premio Alfaguara de Novela 2014, dotado con 175 mil dólares. Libro que Laura Restrepo, presidente del jurado, define como "una fábula que parece unir a los hermanos Coen con los hermanos Grimm". Nacido en Medellín, Jorge Franco ha publicado los cuentos de "Maldito amor", y las novelas "Mala Noche", "Rosario Tijeras", "Paraíso Travel", "Melodrama" y "Santa Suerte". En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con él.

Periodista: ¿"El mundo de afuera" es un cuento de hadas negro o un thriller sentimental?

Jorge Franco:
Ha sido una novela difícil de clasificar, Algunos la han visto como novela negra, otros como un policial, y hay quienes la definen como un cuento de hadas contemporáneo con sus noches macabras, como las de todos los cuentos de hadas. Para mí fue simplemente contar una historia que estaba en mí, que está inspirada en hechos reales. De niño fui vecino de un hombre que vivía en un castillo, más o menos como el que yo narro, en el Medellín de los 60. En 1971 fue secuestrado, y ese secuestro nos hizo ver que esa Medellín que creíamos tranquila no lo era. Fue el comienzo de una transición a la Medellín violenta y complicada que surgió muy poco después de ese secuestro.

P.: Sorprende que usted, considerado uno de los fundadores de la narconovela, cuente de una etapa anterior al mundo copado por el narcotráfico.

J.F.: "El mundo de afuera"
trata de la víspera. En 1976 ya se empezaba a sentir la presencia del narcotráfico con toda su violencia, con la extravagancia de esas vidas. La historia que cuento es como una bisagra entre dos momentos de un Medellín. Dos etapas marcadas por la desigualdad, y que represento en dos personajes de mundos opuestos. En "Rosario Tijeras" mostré cómo esa desigualdad generó el problema. El olvido de los sectores marginales por parte del Estado y la sociedad hizo que el narcotráfico fuera a llenar esos vacíos.

P.: El marginal de su historia, el "Mono" Riscos, está fascinado con Isolda, la chica que vive encerrada en el castillo, la hija del magnate Don Diego Echavarría, a la que vive espiando.

J.F.: Isolda se convierte para el "Mono" en una obsesión, al punto de querer tenerla para él, y es tal el abismo que hay entre los dos, que la única forma es por la fuerza, raptándola. Pero las cosas no le salen como pensaba, y entonces secuestra a Don Diego, que era una forma de prolongar ese vínculo. La motivación económica pareciera ser para el "Mono" secundaria. El tema entre los dos es la niña. El padre tiene un amor obsesivo por esa especie de princesa que lo lleva a tenerla confinada en el castillo, donde cree tenerla segura y feliz. Y el "Mono" es el bandido héroe de la fábula.

P.: Es curioso que el "Mono", líder de una banda nada profesional, un ser sexualmente ambiguo, quiera tener a esa chica rubia, extraña, encerrada en sí misma y en un mundo de sueños.

J.F.: Está lleno de contradicciones. Los hechos reales, los personajes reales me habían dado una serie de datos, pero yo no quería enfrentar maniqueamente el bueno con el malo, quería mostrarlos en sus miedos, sus debilidades, sus perversiones, sus obsesiones. Me había servido convivir con los bandidos más recientes en "Rosario Tijeras", y saber que eran hombres llenos de miedos, de dudas, de ambivalencias, que la exposición de los sentimientos era algo que se negaban para no correr el riesgo de mostrar alguna debilidad. El "Mono" buscaba aparentar ser un hombre rudo, seguro de lo que hace. Al escribir me encontré que llegaba a su casa y su madre lo trataba como si fuera un niño. Supe así que tenía una vida privada que no tenía nada que ver con lo que estaba mostrando.

P.: Usted ha construido novelas centradas en mujeres fuertes, aquí están Isolda que es etérea, una muñeca, Benedikta, Dikta, su madre, y la fascinante ladrona que se hace llamar Twiggy.

J.F.: Dikta tiene normas avanzadas que escandalizan a Don Diego, su marido, que le resultan difíciles de digerir. La bella Twiggy desde ya. Mi narrativa desde "Rosario Tijeras" siempre ha mostrado historias con mujeres muy fuertes que son las que han llevado las riendas. Luego de eso, quise hacer una novela llevada por hombres, y me fueron surgiendo esas mujeres con una fuerza que tenía que tener cuidado y frenarlas porque querían robarse el protagonismo. Twiggy es arrolladora, sensual, actúa con frescura y desparpajo, tiene gracia. Cuando escribía le decía que se controlara que ya le haría una novela para ella sola. Es una delincuente que tiene su ética. Dice: lo mío es el robo, no el secuestro. Y eso a pesar de considerarse la novia del "Mono". Me encanta contar de esas mujeres ferozmente atractivas.

P.: Don Diego es un magnate ultraconservador, amante del arte, que vivió en la Alemania del ascenso del nazismo, y que pareciera simpatizar con el fascismo y el nazismo.

J.F.: Las tiene. Mirko, su amigo alemán, tiene que refugiarse en la Argentina tras la guerra. La persona real en quien me inspiré era un hombre ultraconservador, que amaba la cultura profundamente, era un mecenas de artistas siempre distante. Antes de la guerra hablaba con cierto entusiasmo del movimiento nazi, luego cambió su opinión. Hoy el castillo que construyó se ha convertido en un centro cultural, y cuando se entra hay en el suelo del patio la imagen de un águila germánica enorme. A partir de él tenía que construir un personaje acorralado, vencido, pero que quiere conservar su dignidad. En el encierro, a la manera de la tragedia clásica, tanto Don Diego como el "Mono", sienten que tienen que cumplir con su destino, aun muy a su pesar. El "Mono" descubre que se ha metido en algo que le ha quedado grande, a pesar de eso insiste en eso que se le desmorona. Y hasta la víctima lo lleva a no salirse de lo que debe hacer.

P.: ¿Qué le significó haber ganado el Premio Alfaguara 2014, dotado con 175 mil dólares, con "El mundo de afuera"?

J.F.:
Me llegó en un momento muy importante. El mes del fallo estaba celebrando los 15 años de la publicación de "Rosario Tijeras", que me abrió muchas puertas, me hizo pasar al cine, a la tele, a ser traducido a varios idiomas. Esa novela ha inspirado a cantantes, Juanes le dedicó una canción. Ha impulsado a otros escritores a entrar en la narconovela. Cuando llevaron al cine "Paraíso Travel" se convirtió en una de la películas más taquilleras del cine colombiano.Han sido 15 años de mucha dedicación a este oficio. Sentí que el premio venía a consolidar un sitio importante para mí. Y que significaba un compromiso muy alto. Algo que había sentido cuando García Márquez tras leer mis novelas me invitó a dictar con él su taller de escritura creativa. El premio ha venido a permitirme cerrar un balance de mi carrera, y poder emprender una nueva etapa.

P.: ¿Ahora qué está preparando?

J.F.: Tengo ahí a Twiggy que me llama, que me dice que le había prometido una novela que la tendría de protagonista. De "El mundo de afuera" se escapó en una moto, con un muchacho activo, atractivo, astuto y con dinero. Tengo una deuda con ella. También está el "Mono", vencido pero andando. Pero, es bueno refrescarse, y hay un tema que es el que más me tiene entusiasmado, y que de algún modo completa el trabajo de "El mundo de afuera". Si esta novela es la víspera de "Rosario Tijeras", ahora quisiera ver qué pasó después, que fue la resaca de esa época. Es interesante porque nuestra historia se partió en dos con la muerte de Pablo Escobar. Y ahí hubo la oportunidad de descubrir algo que creíamos imposible y que era que el enemigo era derrotable. Muchos estábamos entregados a la idea de que el país iba a caer en manos de ellos. Han pasado más de 20 años, hay una nueva generación, ha habido cambios muy positivos en Medellín, pero sigue enquistada esa mentalidad de dinero fácil que es una herencia nefasta del narcotráfico, y hay una tendencia a la repetición de los errores, de remedar la misma historia, y quisiera ir sobre eso. Conté la víspera, el momento, ahora me toca hablar del después. Estoy viendo c´´omo canalizar esa inquietud a través de una historia.

Entrevista de Máximo Soto

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