La polvareda que levantó el proyecto de repatriación de capitales que Cristina de Kirchner envió al Congreso dentro del paquete anticrisis no sólo tuvo origen en la oposición, sino también en las dudas sobre el proyecto que lanzó la Embajada de los Estados Unidos. El propio embajador Earl Anthony Wayne había pedido controles estrictos sobre el ingreso de capitales al país después que se conoció el proyecto para evitar que se violara legislación local e internacional sobre lavado de dinero. Ayer, el viento cambió y fue Wayne quien salió a calmar las críticas.
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El embajador explicó que su país confía en que la Argentina respetará la Ley Antilavado en caso de otorgar beneficios a la repatriación de capitales.
«La Argentina ha sido un buen socio en el esfuerzo internacional de lucha contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo y seguirá siéndolo», dijo.
Dejando claro que existieron consultas sobre el asunto entre la embajada y el gobierno, Wayne explicó: « Funcionarios de alto rango del gobierno argentino nos han asegurado que la Argentina considera la cuestión del lavado de dinero con mucha seriedad, como un elemento central de la lucha que la Argentina lleva adelante contra el tráfico de drogas».
Así, afirmó que la Argentina-«está asumiendo un papel de liderazgo en los esfuerzos regionales para combatir todas las formas de crímenes financieros». Wayne entendió que estos «esfuerzos» de la Argentina serán más importantes aún cuando tome la presidencia del Grupo de Acción Financiera Internacional para América del Sur durante 2009.
«Estados Unidos confía en que ante una eventual repatriación de capitales, se respete desde el primer instante lo establecido por la Ley Antilavado de Dinero», dijo ayer Wayne para tranquilizar al gobierno. Sólo un día antes el diplomático había reconocido que la administración en Washington «sigue con atención» la evolución del proyecto oficial de repatriación o blanqueo de capitales.
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