"No esperen de mí el generoso silencio de los cobardes", dijo, en la que pudo haber sido su última intervención como presidenta, ante los 81 senadores que deben decidir, entre hoy y mañana, sobre su destitución tras cinco años y medio de gestión.
La mandataria, suspendida del cargo desde mayo por acusaciones de haber permitido manipulaciones fiscales inconstitucionales durante su Gobierno, reiteró que no renunciará y recordó los momentos más difíciles de su historia personal para asegurar que continuará "luchando".
Habló en un tono enérgico, aunque por momentos se le quebró la voz, como cuando recordó que fue detenida y torturada durante la dictadura militar.
"De aquella vez quedó un registro, una fotografía en la que yo estaba de cabeza erguida mirando a mis verdugos, que escondían su rostro con miedo de ser reconocidos y juzgados por la historia. Hoy no hay prisión ilegal ni tortura, pero sigo con la cabeza erguida, mirando a los ojos de quienes me juzgan".
"Hicieron todo para desestabilizarme a mí y a mi Gobierno", embistió contra sus detractores. También defendió su honestidad, frente a las acusaciones de corrupción que salpican a su principales rivales políticos, entre ellos varios de los senadores presentes y el expresidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, artífice del proceso de destitución. "Todos saben que yo no me enriquecí en el ejercicio de cargos públicos", clamó Rousseff en su intervención de unos 45 minutos, 15 más que la media hora prevista inicialmente.
A punto de perder el poder por la emisión de decretos de ampliación del gasto por fuera del Congreso y por haber demorado los pagos de subsidios obligando a los bancos públicos a adelantarle dinero al Tesoro, Rousseff no mencionó directamente a su vicepresidente y exaliado, el actual jefe de Estado interino Michel Temer, pero lo fustigó por impulsar lo que ella considera un "golpe de Estado".
"Un golpe que, si se consuma, resultará en la elección indirecta de un Gobierno usurpador", reclamó la presidenta suspendida. "Estamos a un paso de la efectivización de una grave ruptura institucional. Estamos a un paso de que se concrete un verdadero golpe de Estado", insistió.
En caso de que Rousseff sea destituida, Temer asumirá definitivamente el mando hasta la entrega del poder el 1 de enero de 2019. El centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Temer encauzó en marzo el proceso de "impeachment" tras volverle la espalda a Rousseff, tras más de cinco años de alianza.
La esperada salida de Rousseff pondrá fin a más de 13 años de gobiernos de izquierda en Brasil.
En lo específicamente referido a las acusaciones de "pedaladas" fiscales, la mandataria suspendida las rechazó una vez más. "No cometí los delitos de los que soy acusada injusta y arbitrariamente", reclamó, la acusaciones dirigidas contra mí son meros pretextos".
La presidenta reiteró además que, si no fuera destituida, convocaría a nuevas elecciones. Su mensaje final lo dirigió, eso sí, a los senadores que podrían estar aún indecisos respecto de su voto final: "Voten contra el 'impeachment'. Voten por la democracia", pidió .
Dilma se sometió después, con paciencia, a preguntas y cuestionamientos de los legisladores, en una fase que duró todo el día y que parecía ya una mera formalidad en un proceso que difícilmente cambiará de rumbo.
"Usted se presenta como víctima de un golpe, pero nosotros sabemos muy bien lo que es eso, nosotros trabajamos para reconstituir la democracia. Si usted falseó las cuentas públicas, ahora también falsea la historia de este proceso", la cuestionó el senador Aloysio Nunes, del PSDB. La senadora Simone Tabet, del PMBD, disparó: "Gastó lo que tenía y lo que no tenía, pidió a los bancos a los que no podía pedir".
"Ustedes nunca reconocieron la derrota, acudieron a los tribunales electorales y apostaron al cuanto peor mejor", respondió luego, cuando le tocó el turno de preguntar al candidato que derrotó en 2014, el socialdemócrata Aécio Neves.
Rousseff llegó a la sede del Congreso poco después de las 9 de la mañana hora local acompañada por Luiz Inácio Lula da Silva, que siguió el discurso en el pleno desde la tribuna, y varios de sus antiguos ministros. Además, entre sus invitados se destacó el cantante Chico Buarque.
Centenares de simpatizantes de Rousseff la esperaron desde temprano fuera de la sede del Legislativo para expresarle su apoyo con rosas rojas. Pero también sus críticos se congregaron con pancartas que decían "Chau, querida".
| Agencias DPA, Reuters, AFP, ANSA y Télam, y Ámbito Financiero |


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