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Estupendo concierto del Ensamble de Buenos Aires
En el segundo concierto de su ciclo dedicado a la música de cámara, el Ensamble Instrumental de Buenos Aires volvió a demostrar la admirable cohesión de los grandes músicos que lo conforman.
En una iniciativa que la vida musical de nuestro país no debería dejar de agradecer, y como ampliación del Quinteto Filarmónico, diez de los mejores músicos argentinos se reúnen en el Ensamble Instrumental de Buenos Aires para ejercer el dificilísimo arte de la música de cámara, terreno donde -como fue dicho no hace mucho en estas páginas- puede darse que grandes individualidades no conformen un gran equipo, cosa que afortunadamente no sucede en el caso de este ensamble nacional.
Siguiendo adelante con su premisa de brindar obras favoritas del repertorio camarístico junto a otras menos conocidas (o desconocidas aún en nuestro país), el EIBA brindó en su segundo concierto del ciclo el «Noneto en Mi bemol mayor» opus 139 de Josef Rheinberger y el tercer «Cuarteto con piano» de Johannes Brahms.
Rheinberger, nacido en Lichtenstein en 1839, es un compositor con una obra profusa e interesantísima que merecería una mayor difusión, y en este sentido es loable la inclusión de su «Noneto» en el repertorio del EIBA. Se trata de una obra cuyo lenguaje diáfano y rigor formal podrían ser tildados de anacrónicos (está fechada en 1884), que sin embargo comprende interesantes giros armónicos y que por su sola riqueza melódica reviste un gran interés.
Respecto de la interpretación del EIBA sería injusto destacar el desempeño de unos integrantes sobre otros ya que todos, sin excepción, contribuyeron a una versión brillante y refinada, rica en sutilezas dinámicas, precisión rítmica y cohesión sonora. Pero es imposible pasar por alto la sensibilidad exquisita de Claudio Barile (flauta), la musicalidad de Néstor Garrote (oboe), la expresividad de Mariano Rey (clarinete), la precisión de Fernando Chiappero (corno) y Gabriel La Rocca (fagot) y la magistral soltura de Pablo Saraví (violín).
El «Cuarteto en Do menor» opus 60 de Brahms que integró la segunda parte del concierto tuvo en las manos de Pablo Saraví, Fernando Pérez (piano), Silvina Alvarez (viola) y Myriam Santucci (cello) una versión de notable profundidad, desde los primeros compases, sombríos y trágicos, hasta la vehemencia rítmica y contrapuntística del Allegro comodo final.
Particularmente conmovedor fue el Andante en el que las cuerdas van fusionando sus líneas con un lirismo delicado y apasionado al mismo tiempo, sobre los arpegios del piano (que Pérez interpretó con enorme belleza pese a las limitaciones que le imponía el instrumento). El mensaje del compositor alemán, que no ha perdido vigencia, cerró así una noche de fiesta para los amantes de la mejor música de cámara.


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