30 de septiembre 2013 - 00:00

Eugenio Cuttica: la mirada que va más allá del objeto

Arriba, los retratos de  los vecinos ilustres de Flores en la estación San Pedrito de la línea A: Baldomero Fernández Moreno, Alfonsina Storni, Hugo del Carril y Florencio Escardó. Al lado, Eugenio Cuttica (al centro) con Guillermo Roux y el ministro Hernán Lombardi.
Arriba, los retratos de los vecinos ilustres de Flores en la estación San Pedrito de la línea A: Baldomero Fernández Moreno, Alfonsina Storni, Hugo del Carril y Florencio Escardó. Al lado, Eugenio Cuttica (al centro) con Guillermo Roux y el ministro Hernán Lombardi.
Para el artista plástico Eugenio Cuttica, la articulación del arte con la vía pública es un hecho altamente beneficioso. "Mi deseo es que la gente que viaje en el subte haga un recorrido visual, se impregne de una sinergia a través de las obras de arte", dice a este diario. Cuttica, prestigioso artista argentino que desde hace tiempo alterna su vida entre Nueva York y Buenos Aires, acaba de inaugurar cuatro retratos de vecinos ilustres de Flores en la estación San Pedrito de la línea A: Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno, Hugo del Carril y Florencio Escardó. La elección fue realizada por el voto popular de los vecinos del barrio, donde también vivió el artista en su infancia. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cómo llegó a usted esta propuesta?

Eugenio Cuttica:
Gracias a la gestión de Natalia Orlowski de Gowland e Inés Morando, sin las cuales no hubiera sido posible esta obra. En la estación San Pedrito no sólo se han instalado estos retratos, que son de unos 3 metros por 2, sino también "Luna y Corona de Novia", que es la duplicación de otra obra mía, de dimensiones mucho más grandes (18 por 3 metros), que compró en ArteBA León Arslanian, quien contribuyó muy gentilmente a que se sacaran las fotos para esta duplicación en el subte.

P.: Luna es el personaje de una niña que usted viene trabajando desde hace tiempo.

E.C.:
Así es. Para mí, Luna es una figura emblemática que representa la femineidad en estado puro. En esta obra está sobre una silla, con la fuerza necesaria para sostener lo sutil.

P.: ¿Cómo explica esa forma particular de la mirada de Luna a lo largo de sus obras?

E.C.:
Me interesa mucho ese punto. Es una mirada que se dirige al horizonte, y que no se posa en ningún punto en particular. Es una mirada panóptica, no hace foco en ningún objeto, pero es una mirada conectada. La mirada de Luna busca hacer visible lo invisible.

P.: ¿Pero el espectador se siente observado por esa mirada que no hace foco en nada?

E.C.:
Mucho más, porque no es una mirada que va desde fuera hacia dentro, sino al revés. Hay una superposición simbólica. Es una mirada que indica que, en el interior, hay algo muy fuerte que se perdió u olvidó. Luna busca que el contemplador recuerde algo que olvidó a través de esa conexión.

P.: ¿Esta posición suya tiene como base algún fundamento religioso?

E.C.:
No. No es religiosa, es artístico-espiritual. Si hubiera que ponerle algún nombre, yo hablaría de epistemología, porque tiene que ver con un conocimiento previo a todas las religiones. Las religiones provienen, todas, de ese mismo punto de conocimiento, hoy olvidado, y al que se trata de recobrar a través del arte.

P.: Y lo femenino siempre como estandarte.

E.C.:
Desde luego. He consagrado mi obra a lo femenino. Yo creo que la mujer de hoy ha logrado llegar a lugares muy importantes, pero ha caído en una posición controversial combatiendo al hombre, que es el sujeto al que ama, así como el hombre ama a la mujer. Y no se puede combatir aquello que se ama.

P.: Sin embargo, sabemos que el amor suele ir unido al odio, más allá de que esto suene algo psicologista.

E.C.:
Yo hablo de lo espiritual, del Yin y el Yang. En su combate contra el hombre, la mujer ha asumido el lugar de Yang. Vivimos en un mundo esencialmente masculino. El hombre ama, pero la mujer combate, y por eso todos nos sentimos hoy tan solos, tanto el hombre como la mujer. Sé que de eso no se habla, pero pinto aquello de lo que no se habla. La femineidad verdadera está ligada al amor, no al combate.

P.: Ahora, desde su perspectiva, ¿esto fue siempre así o está ligado a las conquistas femeninas del siglo XX?

E.C.:
Nuestras abuelas tenían ese conocimiento: el del poder de lo femenino, que está por encima de la fuerza. La mujer de hoy ha desplazado ese poder al poder supremo que conquista y combate. Y por eso se siente tan sola como el hombre. Es un conocimiento que no le fue transmitido por sus madres.

Entrevista de M.Z.

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