9 de octubre 2014 - 00:29

Evo, inoxidable, es envidia de sus pares de la región

• ECONOMÍA FUERTE Y DISTRIBUCIÓN, CRUCIALES PARA EL DOMINGO

El presidente Evo Morales realizó la última caravana de actos proselitistas por distintos puntos del país. Cerraba anoche su campaña en su bastión, El Alto.
El presidente Evo Morales realizó la última caravana de actos proselitistas por distintos puntos del país. Cerraba anoche su campaña en su bastión, El Alto.
A diferencia de lo que ocurre con otros oficialismos de Sudamérica, como el Partido de los Trabajadores en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay, cuyos candidatos deberán medirse en inciertos balotajes para seguir en el poder, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia llega a las elecciones de este domingo con la seguridad de que Evo Morales accederá a su tercer período. Llega con una envidiable intención de voto del 59%, según los últimos sondeos, y fortalecido por la estabilidad económica y el desgaste de la oposición.

No existe encuesta, por muy optimista que sea, que permita a la oposición soñar con un balotaje. Morales, acompañado nuevamente en la fórmula presidencial por Álvaro García Linera, saca 40 puntos de ventaja a su contrincante más próximo, el empresario Samuel Doria Medina (19%).

"Esto se debe a la bonanza económica en la que nos encontramos y que el destino (de ese dinero) sean inversiones del Gobierno. Se tienen bonos para los alumnos escolares, para las embarazadas, renta para los ancianos, títulos gratis para los bachilleres, computadoras portátiles para los maestros, doble aguinaldo (en 2013 y 2014)... Esas medidas económicas con recursos estatales están generando rédito político para el oficialismo", detalló a Ámbito Financiero el director de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de El Alto, Roberto Oraquino Encinas.

Bolivia será, al finalizar este año, la segunda economía en crecimiento de toda Latinoamérica, coinciden el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, mientras la CEPAL proyecta que liderará el crecimiento en Sudamérica con una expansión del 5,5%. Las políticas redistributivas del Gobierno bajaron, además, los índices de pobreza desde un 62,9% a un 40,9% en la población rural y de un 24,3% a un 12,2% en aéreas urbanas en 2013.

Gran parte de la holgura económica se debe a la histórica nacionalización de los hidrocarburos que realizó Morales poco después de haber asumido la presidencia, en 2006. Antes de eso, el Estado obtenía 600 millones de dólares por año; después, 5.400 millones de dólares, según datos del año pasado.

Para el politólogo Diego Ayo, la estabilidad económica no es la causa de la permanencia del presidente en el poder. Por el contrario, adjudica su popularidad a su modo de relacionarse con la sociedad, al que caracteriza como "rentista, corporativista, ilegal (por entender que fomenta el trabajo informal, principalmente en zonas rurales) y asistencialista".

"Posiblemente Evo es popular, pero lo cierto es que su margen de flexibilidad gubernamental es mínimo. Se encuentra maniatado por actores que no aportan recursos al Estado, sino se los quitan: los actores corporativos reciben recursos públicos, los indígenas y departamentos los extraen, los empresarios de firmas estatales los malversan, los ilegales ligados al contrabando y el narcotráfico los evaden, y los asistidos los gastan", cuestionó.

Anja Dargatz, representante de la Fundación Friedrich Ebert (FES) en Bolivia, afirmó a este diario que la razón por la que Morales no enfrenta una relación desgastada con la ciudadanía, a diferencia de otros gobiernos de la región, es una conjunción entre estabilidad económica y política. "Los ingresos enormes del gas se ahorran o se gastan moderadamente, no como en Venezuela, y en lo que la población quiere: infraestructura y reducción de la pobreza extrema, pero con baja inflación", opinó.

Mientras, "la época de golpes de Estado parece olvidada, las protestas sólo se enfocan en cuestiones sociales locales y la fluctuación del gabinete que fue común en el inicio de la presidencia de Morales se redujo al mínimo", agregó.

Oraquino Encinas y Dargatz coinciden en otro factor no menos importante: la impopularidad de una oposición "ya conocida" por el electorado, la cual, en el pasado, ostentó posiciones de Gobierno sin lograr ninguno de los resultados que puede exhibir el actual presidente.

Así, el primer presidente indígena de Bolivia aumenta la apuesta: pidió a sus seguidores alcanzar el 80% de los votos. Se juega su próximo objetivo: mantener la mayoría automática del Congreso y emprender una nueva reforma constitucional que garantice la reelección indefinida.

Dejá tu comentario