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Falta crédito; no terminan centrales
Las centrales Belgrano (Campana) y San Martín (Timbúes en Santa Fe) están funcionando en cada caso con las dos turbinas a gas y generan unos 1.000 megavatios de potencia. Pero el plan es cerrar el ciclo (son centrales de ciclo combinado) instalando una tercera turbina que funciona con el vapor emitido por las dos primeras, llevando la generación total a unos 1.600 megavatios.
Esta parte es la que está demorada y se cree que aunque empiecen las obras en lo inmediato, ya no se llegará a junio con los ciclos cerrados. Para completar las dos centrales, se necesitan u$s 250 millones, sobre un costo total que ronda u$s 1.400 millones.
Las dos generadoras constituyen la única energía nueva integrada al sistema en más de una década, a excepción de ampliaciones hechas por empresas privadas en el último año. Fueron financiadas con deuda que el Estado tenía con las empresas que generan electricidad, que, según los contratos, recuperarán la inversión en 120 cuotas anuales con un interés equivalente a la tasa Libor más el 1,5%.
Al tratarse de deuda impaga del fisco con privados, los fondos debieron salir del propio Estado durante la construcción e instalación de las turbinas. Ninguna de las generadoras quiso aceptar la propiedad de las centrales, como en algún momento de 2007 les propuso el Gobierno, y esto dio lugar a varios forcejeos por los desembolsos.
Las generadoras afirman que en total cedieron u$s 600 millones sobre un total de u$s 1.200 millones, y que a las deudas del Estado de 2002 a 2006 se adicionó en 2007 el 50% del margen que debían percibir por la producción de electricidad.
Según el punto de vista privado, los u$s 250 millones que faltan deben ser integrados por el Estado, y los dos emprendimientos terminaron teniendo un costo de u$s 1.400 millones, sobre los 1.200 presupuestados.
La postergación de la obra podría crear un nuevo conflicto con Siemens, que es la empresa proveedora del equipamiento en las dos centrales. La compañía alemana ganó las licitaciones porque fue la que ofreció el menor plazo para terminar los proyectos.
Pero a la falta de recursos y de posibilidades de obtener financiamiento (se habla de salir a la Bolsa con una obligación negociable, pero todavía no se terminó el prospecto) se une el virtual estancamiento de la demanda eléctrica.
A partir de octubre, el consumo de energía comenzó a crecer a tasas más bajas que el promedio del 5% registrado entre mediados de 2002 y el primer cuatrimestre de 2008. Según las compañías eléctricas, la desaceleración se debió a la caída del consumo industrial y comercial, mientras el residencial siguió creciendo por lo menos hasta enero.
Para los próximos meses, las compañías energéticas esperan que el consumo revele disminuciones del 2% al 3%, porque a la baja del nivel de actividad se sumaría el efecto del aumento de las tarifas en la demanda de los hogares.
Con un invierno benigno, en 2008 no hizo falta recurrir a cortes programados de electricidad como había ocurrido en 2007, aunque se importó energía de Brasil.


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