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Faltó el buen humor

Lo más sintomático de esta falta de entusiasmo fue que la mayoría de los balances (hasta ahora el 59% de los ingresados superaron las previsiones, frente al 67% que es la norma histórica) y de los datos de la macroeconomía que alcanzaron a impulsar los precios de las acciones sólo lo hicieron de manera acotada y por apenas algunas horas, antes de que se impusiera la tendencia bajista. Ante este panorama muchos analistas optaron por apuntar a los efectos de la crisis europea, la disminución del crecimiento chino y cualquier otra excusa que tuviera que ver con lo foráneo, así no miraban los problemas de orden local. Aquí es donde lo político comienza a meterse. Existe cierta idea de que una victoria republicana sería lo mejor para Wall Street. La evidencia histórica, sin embargo, apunta a otro lado, con el S&P500 ganando un 12,1%, el PBI un 4,2% y las ganancias de las empresas un 10,5% por año, frente al 5,1%, el 2,6% y el 8,9% que se lograron respectivamente durante los gobiernos republicanos. Estos números explican por qué en la elección presidencial pasada, Wall Street se volcó de manera mayoritaria a apoyar a Barack Obama, pero no explica por qué hoy le ha dado la espalda.
En los próximos cinco días 230 integrantes del S&P500 presentarán los estados contables del tercer trimestre. En condiciones normales esto debería significar que la atención y el bolsillo de los inversores deberían estar focalizados de manera casi exclusiva en este tema. Pero los tiempos que corren no son normales, así que debemos estar abiertos a cualquier posibilidad.


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