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Farándula le hace piquete a Netanyahu
El anuncio la pasada semana de que las principales compañías de teatro nacionales harán representaciones en el nuevo centro cultural del asentamiento de Ariel, en el norte de Cisjordania, fue seguido casi de inmediato por la declaración de varios actores de que no actuarían allí por motivos ideológicos.
«Los colonos y los asentamientos no es algo que me divierta y yo no quiero divertirlos a ellos», declaró Yusef Sweid, miembro del plantel de una obra que se representa en el Teatro Nacional Habima de Tel Aviv.
A las primeras negativas se sumaron otras y ya son 53 los directores, guionistas y cómicos que han firmado un texto rechazando trabajar en la colonia, lo que ha generado un conflicto a sus compañías, que habían comprometido representaciones en la nueva sala, y han llevado al jefe del Gobierno, Benjamín Netanyahu, a amenazar con retirar la financiación a los teatros con actores díscolos. El centro cultural de Ariel, con capacidad para 540 personas y que tiene previsto inaugurarse el próximo 8 de noviembre, ya comenzó a vender entradas y ha anunciado un programa con ocho representaciones de las compañías del Habima y el HaCameri, en Tel Aviv; el Teatro de Beer Sheva y el Jan de Jerusalén.
El Gobierno israelí trató de atajar el incipiente boicot con una tajante declaración por parte de la ministra de Cultura y Deporte, Limor Livnat, que acusó a los opositores de «dividir a la sociedad israelí», pidió separar política y arte, y aseguró que «todo israelí tiene derecho a disfrutar de la cultura en cualquier lugar». Los firmantes de la misiva, entre ellos varias estrellas como el director, guionista y escritor Yehoshua Sobol o el actor Yossi Pollak, no cuestionan el derecho de los colonos a disfrutar del teatro, pero defienden su derecho a oponerse a la colonización.
Otros artistas, como Gila Almagor, ganadora del Premio Israel de Teatro, no refrendó la misiva, pero aseguran que, igualmente, no actuarán en los asentamientos en territorio palestino.
«Siempre me he opuesto a la ocupación y me he negado a actuar más allá de la línea verde (divisoria establecida tras el alto el fuego de la guerra de 1948). No iré a lugares opuestos a mi visión del mundo», declaró al diario Haaretz la veterana actriz, que agregó: «No pediría a los actores religiosos que trabajasen en la jornada del shabat», día semanal sagrado en el judaísmo.
El boicot fue objeto de debate en el consejo de ministros y ha levantado ampollas entre los miembros del Gabinete.
Netanyahu amenazó con retirar la financiación a los teatros cuyo personal boicotee el centro de Ariel y señaló que, al ser Israel «objeto de un ataque de deslegitimación por parte de distintos elementos en la esfera internacional, lo último que necesita es un intento de boicot desde adentro».
Lo mismo exigen los representantes de los colonos, que aseguran que los rebeldes «deben ser despedidos de inmediato porque sus compañías son financiadas con impuestos que también pagan los ciudadanos de Judea y Samaria (nombres bíblicos para Cisjordania)», dijo Aliza Herbst, portavoz del Consejo colono (Yesha).
Los intérpretes, añadió, «tienen que dedicarse a actuar y mantenerse lejos de la política, porque ni tienen formación para ello, ni son personajes políticos, ni tienen dotes analíticas brillantes».


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