¿Fed alienta cuando no se lo necesita?

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¿Se apresuró la Fed? ¿Lanzó el estímulo monetario a destiempo, cuando la economía de los EE.UU. ya no lo necesita? Desde mayo que el mercado de trabajo no creaba empleo en forma neta. Octubre cortó la resaca. Aportó un número «alentador» (Obama dixit), 151 mil puestos nuevos, muy superior a las expectativas, y que subraya el cariz auspicioso de mucha otra información económica de flamante publicación. Pero la noticia llega tarde. No mitigó la «paliza» (sic) que el Gobierno de Obama recibió en las urnas.

Ni pudo frenar la aplicación del discutido QE2, la inicia-tiva del banco central de retomar la compra de bonos del Tesoro en aras de masajear una recuperación que, hacia mitad de año, amenazó quedarse sin piernas y que aho-ra, sin preaviso, se recompone y apura el tranco. La realidad, ¿le estará concediendo la razón a quienes criticaron la medida por dar rienda suelta a una liquidez excesiva?

A la Fed, en verdad, no la corrió la prisa. Cuando su titular, Ben Bernanke, acudió al Congreso por las sesiones Humphrey - Hawkins en julio, el panorama ya era «inusualmente incierto», pero la tesitura de la institución, aunque alerta, era la de «ver y esperar». Sobre el filo de agosto, Bernanke había visto más y, desde Jackson Hole, no dudó en entornar la puerta que conducía al QE2. Intervención que, como se sabe, recién se resolvió a mitad de la semana pasada. Pero que surtió efectos desde que, ya a fines de junio, comenzaron a anticiparse. El bálsamo de la baja de tasas no es reciente. Si se quiere, su influjo puede descomponerse en dos tramos nítidamente diferenciados. De abril a principios de julio, las tasas cayeron pari passu con los demás activos de riesgo. La economía se enfrió y creció el temor a una doble recesión. En la cumbre del G-20 en Toronto, Europa le ganó la pulseada a los EE.UU. e impuso la retórica de la austeridad. De julio en adelante, las tasas continuaron cayendo, pero la dinámica cambió. Comenzó la recuperación de los activos de riesgo (que se aceleró tras las palabras de Bernanke en Jackson Hole). La economía no repuntó, mal podía justificar por sí misma la resurrección de la Bolsa. Fue la promesa del estímulo lo que obró el milagro de que acciones, bonos y materias primas treparan raudos en simultáneo. La sombra de la Fed. Y si en un comunicado oficial de junio, el banco central acusaba recibo del deterioro de las condiciones financieras, cabe anotar su viraje: éstas rebosaron de buena salud en septiembre y octubre. De su mano, el miedo a la doble recesión hizo mutis por el foro. ¿Erró la Fed con los tiempos del QE2? No. Queda claro que su política rigió mucho antes de su efectiva implementación. Tampoco la fortaleza de los indicadores económicos recientes puede desligarse de su órbita de influencia. La mejoría de las condiciones financieras y el rebatimiento de las expectativas adversas aportaron su grano de arena.

Que la Fed haya acertado hasta el momento no garantiza que no habrá dolores de cabeza más adelante. Es una paradoja, el QE2 despertaría menos objeciones si las penurias económicas fuesen graves. El propio éxito de la política, si le devuelve alas a la recuperación antes de lo pensado, puede convertirse el año próximo en el búmeran indeseado de una expansión de liquidez en exceso. Conviene recordar además que la compra mayúscula de bonos de largo plazo es un instrumento no tradicional y que se carece de experiencia probada en su utilización. Como si fuera un atado de cigarrillos que lleva la advertencia obligada del cirujano general por los riesgos a la salud, el comunicado del banco central porta un párrafo igualmente explícito. Thomas Hoenig, el titular de la Fed de Kansas City, avisó allí que mantener un nivel elevado de relajamiento monetario puede terminar abultando las expec-tativas de inflación y, a la postre, «desestabilizar la economía».

Bajo la óptica de quien se opone al QE2 puede decirse que la Fed, al menos, no se equivocó al dotarlo de un formato contingente, condicional a la marcha de la economía. Si el informe laboral de octubre no es una golondrina solitaria, y en los próximos meses se afianza la creación de empleo, la Fed no va a comprar los 600 mil millones de dólares en bonos que promete. No lo considerará necesario. Y puede rebajar el ritmo mensual de compras. O tomar una pausa. O, lisa y llanamente, cancelar el programa. ¿Qué variables serán cruciales para revisar la estrategia? La robustez de la economía importa, pero no es decisiva en sí misma ya que existe una gran holgura de recursos ociosos. En ese sentido, las condiciones específicas del mercado laboral son más relevantes. Se citó la creación de empleo, pero, en rigor, lo que de veras cuenta es la suerte de la tasa de desempleo. En octubre, por caso, dicha tasa (9,6%) no se modificó un ápice (y hubiera crecido de no haber mediado una inesperada reducción de la fuerza laboral). No hay una única definición de cuál es la tasa de desocupación compatible con el pleno empleo, pero cualquiera que se tome (de un rango tentativo entre el 5% y el 7%) arroja todavía un margen amplio de maniobra antes de encender una luz amarilla.

Las otras dos variables críticas serán la tasa de inflación y las expectativas de inflación. Que ambas suban, en principio, y por extraño que parezca, es parte de la solución que promete el QE2 (aunque Bernanke lo niegue). Ya se dijo, en su momento, que «el peligro» era escorar como Japón. La compra masiva de bonos procura evitar que la economía se hunda en una trampa deflacionaria y que en ese lodazal la política monetaria se torne inefectiva. Tampoco en ese frente delicado, pese a la alarma de Hoenig, uno atisba un motivo para acortar la vigencia del QE2 en un plazo próximo aunque, de aquí en adelante, la economía confirme, por fin, un sostenido repunte.

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