Dialogamos con él:
Periodista: ¿Por qué pasó tanto en empezar a venir con regularidad a la Argentina?
Fernando Cabrera: Siempre era un misterio lo que pasaba o mejor dicho, no pasaba- conmigo y la Argentina. Yo veía que había muchos uruguayos que aquí eran muy bien recibidos. Venían todos y les iba bien: Leo Maslíah, Los que iban cantando, Jaime Roos, Rubén Rada. Notaba cierta indiferencia por parte de los productores, de las discográficas. Y terminé convenciéndome de que la Argentina no era para mí. Pero algo empezó a cambiar cuando Jorge Drexler, generosamente, hizo aparecer mi nombre. Me mencionaba en los reportajes y, finalmente, me trajo a Buenos Aires como invitado para su debut en el Gran Rex. Después se sumaron otros: la Bersuit, que también me llevó de invitado al Luna Park, Liliana Herrero haciendo mis canciones.
P: ¿Qué tiene "Viva la Patria" en relación a sus trabajos anteriores?
F.C.: En general, mis canciones hablan de sensaciones, son más poéticas. Acá hay historias, relatos. Quizá sea un disco más descriptivo.
P: Habla de las letras. ¿Es por allí por donde empiezan a construirse sus temas?
F.C.: La mayoría de las veces, sí. Paso mucho tiempo trabajando con las letras, solas. Pueden ser meses o hasta años. Después, en ese mismo proceso de maduración y de trabajo, la música va apareciendo, como algo que va pidiendo esa letra. En otras veces es al revés, escribo una letra sobre una música que hice antes, pero eso sucede menos.
P: ¿Que la inspiración lo sorprenda trabajando?
F.C.: No es mi caso. Yo soy de los que tienen que esperar la inspiración. Me puede ocurrir que pase tiempo sin que se me ocurra nada, y hasta me produce angustia pensando que se acabó lo que tenía para decir. Pero de golpe, sin que sepa bien por qué, ocurre algo que me emociona mucho y siento la necesidad de expresarlo. Y lo que resulta puede ser o no una referencia directa a ese hecho; funciona simplemente como disparador. Es algo misterioso. Como si yo fuera un médium.
P: ¿Es creyente?
F.C.: No. Para nada.
P.: Sin embargo, la descripción que hace sobre la inspiración parece tener mucho de religioso.
F.C.: Lo sé, y puede parecer una contradicción. Cuando digo médium, creo que me refiero a eso que está en nuestro propio inconsciente y que se aparece afuera sin que podamos explicarlo del todo.
P.: Cuando llega el momento de cantar, ¿diría que ahí sí aparece más el oficio y lo laboral?
F.C.: A lo mejor en el momento de armar las cosas. Pero es un oficio muy placentero. Y el escenario me entrega los momentos de mayor felicidad de mi vida. Es como un trance. Se desdibuja todo. Si logro conectar, más conmigo mismo que con lo que pasa alrededor, vivo situaciones mágicas.
P.: Sus canciones están cargadas de contenido. Sin embargo, no suelen hacer referencias concretas a nada. Sean políticas o románticas, permiten amplias lecturas. ¿Eso es intencional?
F.C.: La verdad es que alegro si eso se nota porque siempre busqué sugerir y no imponer. Mi deseo es que el estímulo que yo pueda enviar termine de elaborarse en la cabeza de los demás. Del mismo modo, siempre busco ser delicado, no ser explícito. Siento que eso aleja a los artistas. Creo que la verdadera participación del público es esa, la de leer el mensaje que recibe a su modo; no, en cambio, bailando o haciendo palmas o coreando a los gritos.
P.: Ha de tener dificultades como público entonces.
F.C.: Es que prefiero siempre a los artistas que van por este camino. Te cuento una anécdota. Hace años, todos mis amigos me hablaban maravillas de los mexicanos de Café Tacvba. Una vez que fueron a actuar a un teatro de Montevideo, me invitaron y fui. Me sentí en una ubicación muy buena que me dieron. A la primera nota, todo el público se puso de pie y empezó a cantar. Pasaron dos o tres temas y me fui; no puedo disfrutar eso. Me quedé en la esquina esperando en un bar a mi novia, que sí quiso quedarse en el show.
| Entrevista de Ricardo Salton |


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