El desembarque del PMDB, la fuerza política más importante del país y más rancia expresión del pensamiento conservador brasileño, es también una ruptura con el socialista Partido de los Trabajadores (PT), en el poder desde 2003 y uno de sus mayores antagonistas históricos en el plano ideológico.
Desde la caída de la dictadura, el PMDB participó en todos los gobiernos. Sin embargo, se plegó a esa fuerza de izquierda en 2005, cuando el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva lo usó de bastón en momentos en que tambaleaba acorralado por escándalos de corrupción que lo tuvieron al borde de un juicio político como el que hoy amenaza a Rousseff, su heredera política.
Con su muñeca política, Lula equilibró el choque ideológico que ese "casamiento" con la mayor fuerza de centroderecha del país fue para las alas más radicales del PT, que si criticaban a puertas cerradas esa alianza, mantenían silencio en público.
Para las elecciones de 2010, en las que ya no podía ser candidato por preceptos constitucionales, Lula escogió a dedo a Rousseff y así como le impuso su candidatura al PT, también eligió a Michel Temer, presidente del PMDB, como su compañero de fórmula y candidato a la vicepresidencia en un nuevo casamiento político arreglado.
La relación entre ambos, sin embargo, nunca fue buena y sólo se mantuvo gracias a un arbitraje constante hecho por Lula, que dejó de surtir efecto al calor de la crisis económica, las corruptelas en Petrobras y la vertiginosa pérdida de popularidad de Rousseff.
En marzo del año pasado, Temer apareció en un espacio del PMDB en la televisión con duras críticas al Gobierno, dijo que la sociedad tenía razones para ese malestar y alertó de que su partido "siempre, en las circunstancias más difíciles, elegirá apoyar a Brasil".
En diciembre, si aún sobraban dudas sobre la tensa relación, una explosiva carta pública de Temer puso los puntos sobre las íes. Sostuvo que "siempre" fue tratado por Rousseff como un objeto "decorativo" y que el PMDB fue para ella como "un accesorio, secundario y subsidiario".
El último párrafo de esa carta fue para muchos el inicio de la ruptura que finalmente se concretó ayer: "Sé que usted no tiene confianza en mí ni en el PMDB hoy y que no la tendrá mañana. Lo lamento, pero ésa es mi convicción", sentenció Temer, primero en la línea sucesoria en caso de destitución de Rousseff.
| Agencia EFE |


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