Diego Forlán fue el mejor jugador del Mundial y sin jugar la final. Sus compañeros lo tiraron a la pileta.
La lógica indica que el trofeo al mejor futbolista de un Mundial se lo lleva un jugador que al menos participe de la final. Ni el más optimista de los orientales imaginó a Uruguay entre los cuatro mejores del torneo en la previa de la competencia, pero no tuvieron en cuenta el nivel de excelencia que mostró Diego Forlán, goleador y líder espiritual de los celestes. Ese rubio, con divisiones inferiores en Independiente, criado en Buenos Aires pero más uruguayo que la rambla de Pocitos fue consagrado por la FIFA con el Balón de Oro por haber sido el mejor futbolista de Sudáfrica 2010. En un Mundial donde Messi, Cristiano Ronaldo, Rooney, Kaká no llegaron a la última semana de competencia, lo de «Cachavacha» es para un aplauso cerrado. La votación, realizada por los acreditados en la Copa del Mundo, consagró al 10 uruguayo con el 23,4% de los votos, dejando en el segundo lugar a Wesley Sneijder (21,8%) y el español David Villa (16,9%) tercero en los sufragios.
La caída en el emotivo partido por el tercer puesto ante los alemanes, quedará en la memoria de propios y extraños por el tiro libre de Forlán en el último instante que se estrelló en el travesaño germano. Hubiera significado jugar un alargue y quizás subirse al podio. Nada de eso opaca lo hecho por Diego, que a los 31 años se consagra definitivamente como un jugador completo, cada vez más alejado de aquel goleador que apareció en la primera de Independiente a fines de 1997.
La red social Twitter lo ha tenido como uno de los grandes protagonistas a lo largo de todo el Mundial y ayer, ni bien se conoció la noticia de su premiación la exclusiva la dio él mismo: «Esto es un premio logrado gracias a mis compañeros» (sic), donde también aclaró que fue arrojado a la pileta por sus compañeros a manera de festejo.
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