11 de septiembre 2012 - 00:00

Fortaleza del arte, la educación y la comunicación en Rio

La brasileña Isabella Rosado Nunes, directora general de la Casa, y el cubano Eugenio Valdés Figueroa, director de Arte y Educación, conversaron con este diario sobre la colección.
La brasileña Isabella Rosado Nunes, directora general de la Casa, y el cubano Eugenio Valdés Figueroa, director de Arte y Educación, conversaron con este diario sobre la colección.
Rio de Janeiro - La Casa Daros, el imponente centro de arte de origen suizo dedicado a Latinoamérica que hoy se levanta en el barrio de Botafogo, se apresta para su inauguración: el día 23 de marzo de 2013. Su historia es breve pero intensa: se inició al despuntar el siglo, cuando la Colección Daros, con sede en Zúrich, comenzó a reunir obras de arte contemporáneo latinoamericano. Desde entonces, bajo el impulso del curador Hans Michael Herzog, no ha parado de crecer. En poco más de una década, con 1.123 obras de 116 artistas contemporáneos y más de 3.500 publicaciones, Daros Latinoamérica se convirtió en la colección más importante de Europa en su materia.

En el año 2006 los suizos decidieron abrir una sede latinoamericana y con una inversión de 16 millones de reales compraron una antiguo edificio que supo albergar un asilo de huérfanas y dos escuelas.

La restauración de los más de 12.000 metros (y 11.000 construidos) del edificio del siglo XIX, donde se conjuga el eclecticismo de las líneas neoclásicas y la arquitectura colonial, implicó un trabajo complejo y minucioso que aún continúa, protegido como bien patrimonial de Rio de Janeiro. Desde lejos se divisan las soberbias palmeras imperiales de 40 metros de altura que escoltan la Casa y llegaron a Brasil junto con el Reino de Portugal; en el frente, sobre las sólidas puertas de maderas preciosas, Nuestra Señora de las Gracias derrama su belleza; luego, la escalinata de piedra y la solidez de los muros, acentúan la sensación de ingresar a una fortaleza. Una fortaleza cuya finalidad es preservar y estudiar el arte. En el enorme patio central los baldosones de granito puro tienen la juntas abiertas, por allí se filtra el agua de lluvia que será reciclada. En un jardín y bajo la sombra de un árbol cargado de orquídeas, están las oficinas donde nos reciben la directora general de la Casa, la brasileña Isabella Rosado Nunes, y el director de Arte y Educación, el cubano Eugenio Valdés Figueroa. Conversamos con ellos sobre el perfil de la colección, los planes de exposiciones, los programas educativos, las residencias y becas; las ideas que inspiran a la institución, la presencia de artistas argentinos y la muestra de Julio Le Parc, que se exhibirá luego de la exposición inaugural; hablamos, incluso, sobre el desbordante optimismo que derrochan en la gestión.

Periodista: ¿Podrían definir cuál fue el criterio al seleccionarlos para dirigir la Casa? ¿Más allá de los antecedentes, tuvieron en cuenta la nacionalidad o acaso la simpatía, ese optimismo contagioso que transmiten?

Isabella Rosado Nunes: Pienso que la palabra optimismo, es una palabra de Daros y no solamente de las personas sino de todo el proyecto. Para empezar una colección en el año 2000 y vislumbrar lo que podría llegar a ser 10 años después, una persona tiene que ser muy optimista y creer mucho en sus principios. Acostumbramos decir que este proyecto se inició a través de la comunicación. Cuando Hans, el curador de la colección y la dueña, Ruth, comenzaron a hablar con artistas y a visitarlos en sus talleres, sintieron que algo podría acontecer. Pienso que desde el principio fue un proyecto colectivo, que se pensó sobre todo en los artistas.

P.: ¿Cómo surgió la idea de instalarse en Brasil?

I.R.N:
No sé por qué me han elegido. Puedo decir sin embargo, por qué han elegido a Rio. Fue después de intentar hacer algo en La Habana y darse cuenta de que allí había problemas que no podían enfrentar, problemas que estaban relacionados con la política y que excedían el proyecto. Rio era una ciudad que Daros siempre tuvo en cuenta. Y tenemos que reconocerlo, es uno de los principales polos de arte internacional; es el lugar elegido por las personas que viajan a América latina. Está Buenos Aires, Rio, entre otros polos importantes. Cuando llegaron a Rio para tratar de encontrar un espacio, yo no estaba todavía en Daros. Pero me han contado la historia. Empezaron a ver espacios muy bellos, que hoy serían maravillosos, y cuando vinieron a esta casa, vislumbraron que habían encontrado lo que querían. No querían solamente un espacio para exhibir las obras, ellos encontraron que esta casa dedicada durante más de un siglo a la enseñanza, podía ver crecer el proyecto educativo que imaginaron desde el principio. Además de la comunicación, ya que Daros que comenzó esta colección fuera del mercado, se dirigía directamente a los artistas.

P.: ¿Cómo llegó Eugenio Valdés desde Cuba?

I.R.N: Cuando Hans empezó armar la colección, iba mucho a Cuba, a las bienales y allí comenzó a comprar. Con Eugenio acostumbramos decir que la semilla se plantó ahí, que la sembró Valdés junto con Hans, Ruth y algunas personas que trabajaron en Daros y varios que todavía están aquí.

Eugenio Valdés Figueroa: Si nos remontamos al momento en que nosotros empezamos a diseñar el proyecto, sabíamos que teníamos una casa pero también sabíamos, desde el principio, que debíamos hacerlo por fases, porque era enorme. Hans comienza las investigaciones y visita las bienales de San Pablo y Porto Alegre. Esto no se puede ver en forma aislada, porque Daros respeta mucho el pasado latinoamericano, sus modelos, las instituciones importantes como el Di Tella, el Museo de Arte Moderno de Rio, la Casa de las Américas, son modelos que generaron una gravitación, reunieron lo mejor de los intelectuales y abrieron nuevas rutas experimentales.

I.R.N.: La cuestión principal para nosotros era cómo juntar arte, educación y comunicación en este edificio, cómo diseñar un proyecto para ser «sentido» por las personas. Se debe tener en cuenta que es un emprendimiento privado, con fines totalmente públicos, que no persigue ningún fin económico. Hay una colección que tiene un discurso propio. Para reunirla con la educación, desde que comenzó la construcción empezamos a escuchar a los artistas y un público de nuestro interés.

P.: Toda Latinoamérica está dedicada a los programas educativos, a la investigación y a la creación de un soporte teórico.

E.V.F.:
En nuestro caso hay actores que impactaron mucho el perfil pedagógico del proyecto. Uno de ellos, Paulo Freire, es nuestra fuente de inspiración. Freire, autor de la «Pedagogía del oprimido», proponía la educación de carácter dialógico. Pero antes debemos aclarar que para acercarse al arte, el camino es la educación. No hay otra manera. Hay mitos acerca de los Latinoamericanos, se cree que formamos un bloque homogéneo y eso es una ficción. Los latinoamericanos no nos conocemos lo suficiente, somos distantes y en los contextos artísticos, particularmente. América latina no se relaciona lo suficiente. Aunque hay momentos cíclicos, dispersiones o algún boom comercial.

P.: De hecho, no deja de ser un caso curioso que muchos críticos de arte de Argentina, Brasil, Cuba, Chile, Uruguay, nos conociéramos por iniciativa de la Comunidad de Valencia.

I.R.N: La discusión no llegó todavía hasta donde queremos. Hay temas que nos interesan especialmente. Hace cuatro años, en un plenario internacional, Eugenio propuso discutir el arte y el analfabetismo funcional. Hoy vemos que hay algunas iniciativas para discutir el arte y la educación. Pero nosotros tenemos un proyecto que va a atraer a las escuelas, privadas y públicas, porque creemos que hay un espacio para utilizar el arte como un camino hacia la educación

P.: La argentina Frances Reynolds creó Arte Viva, un programa educativo a través del arte que se implementó en escuelas de Brasil y Argentina.

E.V.F.:
Si. Hay sin embargo un aspecto que marca cierta diferencia en nuestro caso. Queremos que el artista sea el protagonista, el movilizador de los procesos educativos, que su acción no se limite. A nosotros nos interesa que un artista como Guillermo Kuitca pueda realizar aquí una Beca.

P.: Ustedes han elegido a Julio le Parc para exponer sus obras.

I.R.N.: Abrimos con un grupo de artistas colombianos, cada muestra se exhibe cinco meses, y luego viene la exposición de Le Parc. El vino a cerrar un programa muy interesante de encuentros de artistas latinoamericanos con artistas brasileros. Eugenio puso a Le Parc a pensar. Y estuvo dos días trabajando para Eugenio porque el encuentro era un proyecto pionero, donde Julio proponía sus propios ejercicios. Retomando la pregunta inicial, pienso que al trabajar en una institución suiza en América latina se genera una mixtura muy interesante, tenemos experiencias muy ricas que plantean las diferencias culturales.

P.: ¿Cuál fue el origen de la colección y de dónde proviene la fortuna?

E.V.F::
La familia tiene intereses en varios proyectos filantrópicos en América latina. La fortuna proviene de varias fuentes, tanto del imperio del cemento como del chocolate. Pero se apostó a iniciar una colección latinoamericana cuando ya existía la colección europea y estadounidense que fundó Alexander Schmidheiny.

P.: ¿Cuál la inversión de Daros en Brasil, si se incluye la restauración y la colección?

I.R.N.:
La vamos a divulgar cuando compremos más obras y se van a sorprender por el buen uso de nuestros recursos.



* Enviada Especial

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