"Pablo VI, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro -y quizás en solitario- el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor", dijo Francisco durante la homilía de la beatificación.
También renovó su llamado al cambio y a la misericordia tras las dos semanas de sínodo en las que las alas más progresistas y conservadoras del catolicismo debatieron sobre cómo debe ser la actitud de la Iglesia hacia los homosexuales y los divorciados que se volvieron a casar.
"¡Dios no tiene miedo de las novedades!", proclamó el Papa. "Por eso, continuamente nos sorprende, mostrándonos y llevándonos por caminos imprevistos. Nos renueva, es decir, nos hace siempre 'nuevos'".
Pablo VI fue beatificado durante una ceremonia que también clausuró el sínodo extraordinario de la familia, ya que fue el sumo pontífice que instituyó ese organismo de consulta en 1965.
En la misa participaron el papa emérito Benedicto XVI, los más de 200 prelados sinodales y miles de personas que estallaron en aplausos cuando Francisco proclamó la fórmula que convirtió en beato a Giovanni Battista Montini, el papa que estuvo al frente del Vaticano entre 1963 y 1978 y contribuyó a grandes reformas, sobre todo al concluir el Concilio Vaticano II que había iniciado su antecesor Juan XXIII, proclamado a su vez santo en abril pasado.
El milagro atribuido a la intercesión de Montini, y que le permitió ser beatificado, fue la curación de un feto a principios de la década de 1990 en California. Después de que se diagnosticase que tenía graves problemas cerebrales, la madre se negó a abortar y el niño nació sin problemas.
Francisco citó unas palabras de Pablo VI cuando instituyó el primer sínodo: "Después de haber observado atentamente los signos de los tiempos, nos esforzamos por adaptar los métodos de apostolado a las múltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad".
Montini fue el primer papa viajero y el autor de la "Humanae vitae", que incluía la postura de la Iglesia Católica hacia el aborto, pero también hacia el control de la natalidad y los métodos anticonceptivos, explicando que sólo no eran pecado aquellos considerados "naturales", y otras medidas que se relacionan con la vida sexual.
El papa argentino reforzó ayer durante la beatificación su fuerte pedido de una Iglesia que se baje de su pedestal y acoja fraternalmente a los fieles. El sábado a la noche, en la clausura de la asamblea sinodal, había llamado a los obispos "a no mirar a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar o clasificar a las personas", ante la ovación de los prelados liberales.
Tras la ceremonia, persistían ayer las tensiones entre conservadores y aperturistas que el sínodo expuso. El diario La Reppublica publicó ayer que cardenales conservadores acudieron a Benedicto XVI para protestar por las reformas deseadas por Francisco.
El papa emérito Benedicto rechazó con firmeza las presiones de los religiosos que le pidieron maniobrar contra la política de apertura del Sumo Pontífice, agregó el medio italiano.
Por su parte, el cardenal alemán Walter Kasper, principal promotor de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, negó estar "desilusionado" porque el tema no alcanzó el apoyo necesario. "Hubo una discusión libre, abierta, realista. Es un debate, ahora se irá al próximo año. Nadie esperaba una respuesta a este tema", dijo.
| Agencias DPA, EFE, ANSA, AFP y Reuters |


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