4 de marzo 2019 - 00:01

El creador de un estilo empresarial

Franco Macri. 
Franco Macri. 

Noviembre de 1996. Coloquio de Idea en Bariloche. Franco Macri acababa de hablar en la apertura de la jornada del viernes y reclamaba seriedad a la clase política para encarar las reformas estructurales pendientes. Y lanzaba una advertencia: si no se ejecutaban esas modificaciones, la convertibilidad corría peligro de no sobrevivir al cambio de siglo. La advertencia había caído como un baldazo de agua fría en el Gobierno, especialmente en las cercanías de Carlos Menem, que esa misma noche debía cerrar el Coloquio. El cronista de Ámbito Financiero en el lugar deseaba profundizar los conceptos del empresario y lo buscaba por todo el complejo Llao Llao, hasta que lo encuentra en uno de los pasillos camino al comedor principal. Se le pide una entrevista y Macri dice que sí. Que lo esperaría a las 16 en su habitación del hotel. Antes, decía, tenía un almuerzo pendiente con el dueño de casa, Julio Werthein. Puntualmente a las 16 el cronista, Franco Macri y Jorge Aguado, jefe de prensa del empresario. La entrevista empezaba mal. El grabador no funcionaba y la máquina de fotos improvisada no tenía rollos. Todo ante una primera pregunta algo balbuceante y casi sin mayor sentido periodístico. Aguado sonrió y le hizo un gesto a su jefe. Macri se levantó de su silla, casi paternalmente le puso la mano en el hombro derecho al cronista y le dijo: “Tranquilo. Vení, levantate. Salgamos al balcón. Mirá la vista del Nahuel Huapi...”. Luego de unos minutos de charla sobre lo hermosa que era la Argentina y las innumerables oportunidades que tenía este país “para una persona joven como vos”, Aguado volvió a la habitación con un grabador propio y rollos para las fotos. El mismo Macri se ocupó de chequear que todo funcionase y le dijo al cronista: “Dejame que la primera frase te la doy yo”. Lanzó así un pedido a que “el Gobierno llame a un consenso para aprobar una reforma laboral que nos permita mayor competitividad”. Y así, casi sin querer, la entrevista fluyó y el empresario entregó no menos de cinco títulos de tapa. Ya de regreso en la redacción, un domingo por la tarde, el cronista terminó la desgravación y le entregó la versión final a Julio Ramos. El director y fundador de Ámbito Financiero eligió una frase muy crítica sobre el manejo de la política industrial asegurando que él no había sido beneficiado por las privatizaciones del Gobierno de Carlos Menem, junto con una foto donde Macri miraba el Nahuel Huapi. Al otro día, todas las radios de Buenos Aires continuaron la polémica y Franco Macri eligió una radio de capital para seguir declarando. Un mes después, como ya era una tradición, el empresario abrió su casa de Barrio Parque para su clásica recepción de fin de año para el periodismo argentino. Macri y el cronista vuelven a encontrarse y el primero hace un reclamo: “Lo que me costó tu nota!... Después mandale a Aguado las fotos”.

Con Franco Macri se va uno de los representantes más importantes de una generación de empresarios argentinos que, de primera o segunda línea de inmigrantes, crecieron y se convirtieron en megaempresarios que pudieron cubrir varios rubros formando grandes holdings. En ese sitial, del que también formó parte Amalia Lacroze de Fortabat, y que aún tiene como representantes en actividad a Gregorio Perez Companc, Paolo Rocca, Eduardo Eurnekian, Santiago Soldati, Luis Pagani, Eduardo Elsztain y no muchos más. Hoy, quizá, sólo Marcos Galperin pueda detentar un lugar en ese directorio. Se trata de empresarios dominadores del escenario de sus compañías, dudosos de la libertad extrema de los mercados, pero enemigos del intervencionismo extremo, apostadores en tiempos de crisis por conocer más que nadie las ventajas de los ríos revueltos y referentes en el exterior. En plena hiperinflación apostó por la telefonía celular. En recesión invirtió en una nueva línea de fabricación de autos para la clase media que rápidamente se convirtió en la más vendida del país. Apostó por una autopista, abriendo una zona de la provincia de Buenos Aires al desarrollo inmibiliario. Antes que ningún otro empresario argentino, abrió el mercado brasileño a los alimentos con valor agregado. Luego apostó por China. Y en todo tuvo éxito.

Estar en ese lugar siempre es polémico. No puede ser de otra manera. Su crecimiento y desarrollo y -¿por que no?- su fortuna, fue hecha en una país como la Argentina, donde en 50 años se contabilizan más los períodos de crisis financieras y económicas que los de crecimiento genuino. En ese país, Macri pudo desarrollar mercados que estaban hasta ese momento vedados para quien no llegara de una familia tradicional. Para estos, era al comienzo de su trayecto como empresario, “El tano”. Con el tiempo logró ganar el respeto de esa clase tradicional criolla, hasta convertirse en “referente”.

Ayer fue despedido en la intimidad por su familia y un puñado muy selecto de representantes de la economía argentina. Su hijo, el Presidente, con el que mantuvo en numerosas etapas (quizás demasiadas) una relación tormentosa y crítica, fue sorprendido por la noticia mientras descansaba en un country de San Martín de los Andes. Voló de regreso a Buenos Aires, pasó casi a las corridas por la residencia de Olivos y hacia las 17 ya estaba llegando al Jardín de Paz para la despedida. Tampoco estaba la Capital Federal, Gianfranco, su otro hijo. En realidad, Franco Macri, mas allá de la forma en que manejó sus relaciones familiares, hace rato que estaba casi desconectado de la realidad. Lo confesó Mauricio Macri hace poco, en un reportaje oficial, cuando llegó a relatar que su padre le pidió, en un momento de lucidez, una pastilla para dejar este mundo, algo que él obviamentre le negó. No hubo velatorio ayer, ni tampoco demasiado ruido por parte de la familia y menos del Gobierno que, como corresponde a un acto privado, se abstuvo de distribuir fotos y hacer comentarios. Tan rápido fue todo que a las 18 Macri presidente ya había emprendido el viaje a la quinta “Los Abrojos”, donde se quedará el resto del fin de semana largo de este Carnaval. El lunes nada cambiará en el Gobierno, pero quizás sí en la psiquis del Presidente. Ya no está el hombre que lo criticó primero por haberse dedicado a la política dejando la conducción de los negocios familiares, lo castigó después por sus primeras decisiones y hasta le pidió que no pensara en un segundo mandato. Macri presidente, obviamente, hizo oidos sordos a todos esos cuestionamientos. Y aunque la relación entre ellos haya sido más distante que la media de las relaciones humanas, no puede dejarse de lado que, según Sigmund Freud, la muerte del padre es el evento mas importante en la vida de un ser humano.

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