10 de julio 2013 - 00:06

Fue el final soñado

El combinado que reunió a ingleses, galeses, irlandeses y escoceses puso de rodillas a los Wallabies

Unidos por una misma camiseta. Ingleses, irlandeses, galeses y escoceses hicieron historia al quedarse con la serie frente a los Wallabies.
Unidos por una misma camiseta. Ingleses, irlandeses, galeses y escoceses hicieron historia al quedarse con la serie frente a los Wallabies.
Fue impresionante. Dicen que en vivo se vive más intensamente que la final de un Mundial. De hecho, los miles que estuvieron en Australia siguiendo una nueva gira de los Lions ya están planificando su viaje a Nueva Zelanda dentro de cuatro años. Es más, el entrenador Warren Gatland todavía con la excitación lógica de lo que acaba de vivir a través de sus dirigidos, ya se postuló para la próxima gira.

Los British & Irish Lions nacieron en el siglo XIX gracias al espíritu emprendedor de un par de empresarios que vieron un gran negocio en viajar por las entonces colonias británicas con un combinado que tuviera algunos de los mejores rugbiers de la época provenientes de las islas. Hoy celebrarían los millones que se facturaron gracias al equipo que llevó los mejores de Inglaterra, Gales, Irlanda y Escocia en un viaje de nueve partidos que se llenó de gloria con el triunfo en una serie de tres test-matches.

Lo primero que llama la atención de los Lions es lo poco que históricamente ganan. Mas allá de tener la posibilidad de convocar a los mejores y prepararlos en un ámbito de gira -nunca alcanza, dicen los que piden más tiempo de preparación- es más lo que pier-den que lo que ganan.

De hecho, en todo el siglo XX sólo ganaron cuatro series; las dos primeras fueron muy conocidas: 1971 a Nueva Zelandia (2 a 1 y un empate) y a Sudáfrica en 1974 (3 a 1). En aquellos equipos estaban Gareth Edwards, JPR Williams, Willie John McBride, Gerald Davies, Fran Cotton y Andy Irvine, quienes fueron grandes estrellas de aquella época.

La tercera serie ganada llegó con la primera visita solamente a Australia en 1989. Hasta entonces sólo se jugaba en la tierra de los Wallabies de paso a Nueva Zelanda. Ese año fue 2 a 1. Mismo resultado se dio en la primera gira del profesionalismo cuando en Sudáfrica ganaron los primeros dos tests de 1997 y cayeron en el tercero.

Luego quedaron a quizás un line de ganar en Australia 2001; después fueron apabullados por los All Blacks 3 a 0 en 2005 y en Sudáfrica 2009 se les escapó por poco.

Parecía que seguían con la misma tónica en este viaje que arrancó con un partido contra los Barbarians en Hong Kong y luego recorrió las franquicias del Súper Rugby y un par de combinados antes de entrar a la serie de tres partidos.

El primer test podrían haberlo perdido pero ganaron; en el segundo podrían haberlo ganado pero perdieron (casi calcado, el último penal a los postes fue para el perdedor que no pudo sumar). Wallabies y Lions llegaban al tercer y definitorio test con todo por definir.

Mientras los locales dejaron Melbourne para instalarse en Sydney en la semana previa, los Lions viajaron a la playa, a la hermosa Noosa, a unos mil kilómetros de la principal ciudad australiana para combinar playa y relax después de una eterna temporada. Mientras los jugadores surfeaban, andaban en motos de agua y recuperaban energías, el entrenador Warren Gatland tomó una de las decisiones más trascendentales de los últimos tiempos: por prime-ra vez en su carrera de 133 caps y 14 años como internacional, el centro Brian O'Driscoll era "colgado". No sólo eso, lesionado el capitán SamWarburton, de gran actuación en los dos partidos previos, se la jugó con un Alun Wyn Jones que sólo había sido capitán en tan sólo un test en su carrera.

¿Quién hubiera dicho entonces lo que terminó pasando? Los casi 40 mil hinchas británicos -entre 30 y 35 mil viajaron y el resto son los muchísimos ex patriados que viven bajo el cálido sol australiano- no salían de su asombro. Un error en la primera recepción seguramente causado por la cacofonía del estadio derivó en un scrum que los Lions dominaron (esa formación fue clave durante todo el partido). Free-kick, juego de frente con los forwards y Alex Corbisiero que cruza para el try. Y encima, el fullback Leigh Halfpenny que no erraba. Venía de paliza.

Los australianos, sin jugar bien, se fueron acercando y acortaron a 3 puntos después de un try de la nada de su apertura James O'Connor, y si bien se fueron al descanso con el envión de una aparente recuperación, los Lions se comieron la cancha en el segundo tiempo; dominaron a unos Wallabies que no podían salir de su asombro y se llevaron su primera serie del nuevo siglo.

Festejaron los Lions. Festejaron los hinchas. Festejó el deporte británico. Festejó James Bond... en realidad Daniel Craig, quien viajó desde Los Ángeles para el partido en Sydney. Festejó Warren Gatland en la tranquilidad de que su apuesta había pagado. Festejó el gran Brian O'Driscoll, a quien le hubiese encantado estar en la cancha, pero con su grandeza entendió que el triunfo también era tanto de él como de los que entraron a la cancha. Eso es un plantel.

Saldrán libros, el video y durante los próximos cuatro años se hablará de lo épico de esta gira y a medida que se acerque la próxima empezará a cautivar el interés del rugby británico. Hoy cele-bran el merecido triunfo. Y festejan porque no es habitual que ganen los Lions.

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