En los números fue una rueda alcista. En los sentimientos, apenas poco más que un descanso. No tanto porque la primera suba del Dow, luego de seis jornadas consecutivas en baja, fuera un magro 0,16% que dejó al Promedio en 12.855,04 puntos (el Nasdaq retrocedió un 0,04% y el S&P500 alcanzó a ganar el 0,25%), sino porque en la primera hora de operaciones el indicador había alcanzado a trepar más del 0,75% y 6 minutos antes del cierre transitaba territorio perdedor. Si algo evidencia esto es que el ánimo de los inversores evolucionó «de mayor a menor» en la cual fueron ganadores las empresas de servicios públicos y artículos de consumo minoristas. Perdedores las empresas vinculadas a materias básicas y tecnología, por lo que podríamos argumentar que se siguió privilegiando la seguridad sobre el potencial de ganancias. Lo interesante es que no tuvimos sorpresas negativas, aun cuando la reducción de los pedidos de seguro de desempleo no fuera suficiente como para estar por encima del nivel en que podemos hablar de una creación genuina de trabajos. En el frente externo, la bolsa española fue la estrella saltando el 3,4% aunque esto, así como el 0,5% que ganaron en promedio las acciones europeas tuvo más olor a rebote que a un cambio de escenario. Fuera de lo bursátil lo más interesante pasó por la fortísima demanda que tuvo la licitación de treasuries a 30 años, a pesar de que esto fuera al costo de una suba de la tasa de 10 años al 1,884% anual.
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