25 de marzo 2010 - 00:00

“Fuerzabruta”: de vuelta a casa, y en ambiente más íntimo

Fabio D’Aquila: «Al tener ahora una sala para solo 450 personas, y no 1000, el espectador no tiene posibilidad de escaparle a la adrenalina».
Fabio D’Aquila: «Al tener ahora una sala para solo 450 personas, y no 1000, el espectador no tiene posibilidad de escaparle a la adrenalina».
Luego de presentarse durante tres meses en Taiwán, con 120 funciones y con una compañía paralela en Nueva York, «Fuerzabruta» regresó a su cuna: la sala Villa Villa del Centro Cultural Recoleta, que había sido inaugurada por «De la guarda» hace nueve años.

Creada por Diqui James, cofundador de «De la guarda», «Fuerzabruta» actuó además en Lisboa, Londres, Córdoba, Miami, Bogotá, Edimburgo, Berlín, México, Rosario, Caracas y San Pablo, entre otras. El espectáculo actual es el mismo que ya se vio en 2007 pero en versión más íntima, con música original de Gaby Kerpel (compositor musical de De La Guarda) y la coordinación general a cargo de Fabio D´Aquila, también cofundador de «Fuerzabruta».

El nuevo espectáculo llegaría recién en 2011, con ideas que están aún en los papeles, mientras este año continuarán las giras por Chicago, México y China. Conversamos con Fabio D´Aquila sobre esta tendencia a las compañías-réplica estilo «Cirque du soleil», sobre la complejidad de mover este show por el mundo y sobre uno de sus fans: Tim Burton.

Periodista: ¿El actual es el mismo show que vimos en Buenos Aires en 2007?

Fabio DAquila:
Las imágenes son las mismas, lo que cambia rotundamente es la versión del show, porque es más íntima. La sala es mucho más chica, con capacidad para 450 personas, con lo que todo está mas cerca, es más pegado. Esta versión tiene un concepto de que no hay escapatoria, estás sí o sí dentro de la adrenalina, tal como reza nuestro slogan. En la otra versión, la carpa para 1000 personas, hay lugares de contemplación y lugares de acción, uno se corre si quiere, busca una bocanada de aire, pero acá no se puede zafar, se viene encima y eso me gusta, porque tiene otro brillo. Además lo compartís con menos gente, es como si una banda tocara en River o en La Trastienda.

P.: Entonces buscaron deliberadamente un espacio chico como el Villa Villa en lugar de uno con mayor capacidad.

F.D.:
Quisimos volver a Recoleta porque es nuestra casa, nuestro hogar, allí estrenamos con De la guarda pero cuando era una carpa. Entonces en 2001 construimos la sala Villa Villa, en 2004 usamos la sala con «Fuerzabruta» para las 11 funciones que hicimos sólo para amigos, como para testear el show. Además queríamos volver, no estamos desde 2006 y al ser una compañía argentina, es raro no tener presencia en nuestra propia ciudad. Es como estar algo desterrado, y volvemos justo en el bicentenario.

P.: ¿Apuntan a ser una compañía como «Cirque du soleil», «Blue man group» o «Mayumana», que tienen el mismo show en diferentes ciudades, como una suerte de franquicia? ¿No se pierde la esencia con tantas réplicas?

F.D.:
Nos pasó con De la guarda, que mientras duró, buscábamos la manera de que no perdiera la esencia y lo logramos, tuvimos cinco compañías en el mundo. Estuvimos siempre muy encima, nunca se dejó a la compañía sola. Claro que eso produjo también una fisura, pues no supimos delegar, nos ahogó. «Fuerzabruta» no llegó a ese estadío, hay sólo dos compañías, en Nueva York y la que ahora está aquí. Se viaja para realizar el mantenimiento artístico, cada dos o tres meses.

P.: Se supo de varios fans famosos en Nueva York, como Beyonceé, Hugh Grant o hasta Tim Burton.

F.D.:
Que Tim Burton pagara la entrada para vernos fue muy fuerte, porque es muy afín a lo que nos gusta, nos cierra por todos lados. Terminó el show, se acercó a saludarnos, luego vino al agasajo y tomó cerveza con nosotros. Nos dijo que en cualquier momento tomaba alguna idea del show para sus películas, pero desde luego, sería un honor. Ahora bien, que vengan famosos como Beyonce o Hugh Grant, está bueno pero a Burton lo admiramos. Es raro pensar cómo esos famosos pagan la entrada para ver el show, y pueden disfrutarlo tranquilos, sin gente que se les tire encima como ocurre aquí.

P.: ¿Cómo reaccionó al show el público taiwanés y el neoyorquino?

F.D.: En Nueva York los códigos de comunicación varían, no te acercás a los hombres o les das un beso o abrazo, hubo que encontrar el código para que respondieran a la propuesta, en cambio acá en Buenos Aires el código sale solo. Allá hay que bajar o subir el dedito, acá no nos preguntamos cómo hacer para que todos terminen bailando. Lo de Taiwán fue extremo, porque cuando ingresan a la carpa se ordenan como si estuvieran sentados en butacas, pero de pie. Toman una posición y es muy difícil que se descontracturen, ni se tocan, son extremadamente fríos, muy pulcros. Hay que hacer un primer contacto muy inocente, sacarlos a bailar, moverlos, motivarlos, hay que ir como una chica difícil y romper el hielo. Ahora bien, cuando los despegaste, se van de mambo, se descontrolan, acá alguno de esos sería tildado de loquito y echado por la seguridad. Entran en un estado de quiebre tal que no se los puede sacar de la sala cuando termina el show.

P.: Algunos artistas y directores locales buscan añadir a sus shows argentinismos como el tango para que sean exportables... ustedes son más bien universales.

F.D.: Exacto, no siento que el que vaya a ver «Fuerzabruta» afuera busque algo de Argentina, no es local, está la murga pero la gente no está informada de que el ingrediente sea local. Logramos un lenguaje universal en el que, al no haber texto, al existir imágenes que transmiten regocijo visual, redunda en universal. La clave es transmitir desde el cuerpo, como el cuadro del hombre que corre frente a los obstáculos, que son situaciones muy cotidianas y también universales. Cualquiera en el mundo puede sentirse identificado. O la escena de la pileta, a cualquier mujer le encantaría estar ahí jugando.

P.: ¿Qué requisitos ponen para que sea redituable movilizar a toda la compañía?

F.D.: «Fuerzabruta» no se mueve por menos de dos semanas, es el mínimo que dedicimos, excepto que se trate de un evento al que llevamos una versión compacta. Recuerdo un megashow en Rusia, que tuvo partes de nuestro show y luego vino el el Cirque du Soleil. Viajamos con casi todo, los materiales descartables ocupan cinco contenedores. Viajan 25 personas, 7 sólo para estreno y montaje, y la compañía estable es de 17 personas.

P.: ¿Qué debe tener un aspirante para entrar en la compañía?

F.D.:
Dos condiciones, debe ser muy expresivo, mostrar sentimientos desde el cuerpo, y debe tener entrenamiento físico muy alto. Por ahí nos perdemos a actores con formación fuerte porque no tienen entrenamiento. Recibimos gente que venga de todas las disciplinas, danza, acrobacia, teatro.

P.: Por tratarse de una compañía nómade, ¿no es requisito que sus integrantes sean solteros sin hijos?

F.D.:
No es requisito pero es cierto que de los actores, ni uno sólo tiene hijos, mientras que los técnicos sí tienen familia y se les complica bastante. Aunque hacen el esfuerzo de viajar durante unos meses para luego traerse ahorros en dólares. En ese sentido el negocio rinde mucho.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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