19 de octubre 2011 - 00:00

Fuga de radicales porteños le amarga fin de campaña a Alfonsín

Ricardo Alfonsín pasó ayer por Mar del Plata. Hizo campaña allí junto a Mario Rodríguez, candidato a concejal, Miguel Bazze y Vilma Baragiola.
Ricardo Alfonsín pasó ayer por Mar del Plata. Hizo campaña allí junto a Mario Rodríguez, candidato a concejal, Miguel Bazze y Vilma Baragiola.
«El radicalismo es la única fuerza que garantiza que después del 10 de diciembre sus candidatos no se van a pasar al oficialismo. Ninguna de las otras fuerzas está en condiciones de garantizar lo mismo». Lo anunció ayer Ricardo Alfonsín en Mar del Plata como una muestra clara de sus intenciones por reforzar el rol opositor en el tramo final de la campaña. Es lo que le pide parte de la dirigencia de la UCR y, de hecho, hasta avanzó con un discurso más duro: «Estoy seguro de que si el Gobierno se impone este domingo, en el próximo mandato avanzarán aún más sobre las instituciones. Por eso necesitamos equilibrio, lo que solamente puede garantizar la UCR por su propia convicción y por su desarrollo nacional».

Pero ese ímpetu tiene sus limitaciones. A las simpatías con Cristina de Kirchner que muestran algunos candidatos en el interior, como fue el caso de Víctor Fayad en la capital mendocina, se sumará hoy un caso que es más simbólico que numérico en la sangría radical que se avecina.

Un grupo del «radicalismo que no baja las banderas», que anima Fernando Cantero, exdiputado y jefe del ARI que se fue de allí tras la intervención partidaria que le decretó Elisa Carrió, junto con Eduardo Falchi, Guillermo Burt y Marcelo Pellegrini, anunciarán el apoyo a la candidatura presidencial de Cristina de Kirchner y formalizarán el pase a las filas que tributan a Alicia Kirchner. No se integrarán, anunciaron, al movimiento Kolina, pero estarán cerca.

El acto será hoy a las 12, en el salón del primer piso de la Continental de Belgrano y Entre Ríos. Allí, dirigentes radicales de comunas de la Capital Federal y algunos de provincias ayudarán a poner en evidencia la crisis radical. No son muchos, pero un pase, en política, siempre es un pase.

Otro caso de extraña simpatía de radicales al Gobierno es el de Marcelo Montero, que suele caminar también el universo de Julio De Vido y que milita en las filas de la agrupación que llamó Radicales con Cristina y Boudou.

Se suman a los problemas que el macrismo representa para el radicalismo, ante el peligro de un éxodo masivo (como el que ya se dio también con el kirchnerismo de la mano de Julio Cobos) si se precipita una crisis de identidad en la estructura del radicalismo.

En ese caso no se puede olvidar la bronca en el Comité Capital con los dos legisladores de la UCR que suelen votar junto al macrismo en la Legislatura o el peligro de los espineles que el macrista exradical Daniel Angelici ya tiene tendidos para barrer con lo que queda de la estructura partidaria porteña.

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