El malestar diplomático entre España y Reino Unido creció después de que el ministro de Relaciones Exteriores español, José Manuel García-Margallo, advirtiera que "la fiesta se acabó y anunciara que se está estudiando una nueva tasa de 50 euros para las personas que cruzan la frontera, pesquisas fiscales a los gibraltareños que tienen propiedades en España y una prohibición a los aviones que utilizan su espacio aéreo para llegar al aeropuerto del territorio.
España ya había endurecido los controles fronterizos -que provocan largas colas de autos y mantiene a los turistas esperando hasta seis horas- luego de que, diez días atrás, barcos de Gibraltar lanzaron bloques de hormigón al mar para crear un arrecife artificial, perjudicando a los pescadores españoles.
Ante la situación, el primer ministro británico, David Cameron, dijo estar "seriamente preocupado" y reclamó una explicación al Gobierno de Mariano Rajoy. Mientras que el principal ministro de Gibraltar, Fabián Picardo, consideró que las propuestas eran unas "políticas de locura" y que "el infierno se congelará antes de que elimine la barrera de arrecife en las aguas del territorio cedido a Gran Bretaña en 1713.
"Es un ruido de sables como los de Corea del Norte. Casi hace que uno sienta como si estuviera escuchando la política de Franco de los años 50 y 60", manifestó en referencia al dictador que gobernó España entre 1936 y 1975 y quería recuperar Gibraltar.
España mantiene con Reino Unido una situación similar a la de la Argentina por las islas Malvinas pues reclamó la soberanía sobre ese territorio, mientras que Londres respondió defendiendo la libre autodeterminación de los pueblos.
El Ministerio de Relaciones Exteriores británico dijo que no va "a renunciar a la soberanía" y destacó que "apoya hombro a hombro a la población de Gibraltar en este momento de creciente presión y retórica española. Nuestras diferencias con España sobre Gibraltar serán resueltas por medios políticos a través de nuestra relación como socios de la Unión Europea (UE), y no a través de medidas desproporcionadas", agregó.
El opositor Partido Laborista británico acusó a España de intentar ganar puntos políticos con el tema, que tiene una población de 30.000 habitantes y cuya economía se basa en el turismo, la industria del juego y los denominados paraísos fiscales.
"Parecen estar utilizando la perspectiva de una tasa de tránsito como elemento de negociación con el Reino Unido. Es simplemente inaceptable", dijo el portavoz de asuntos exteriores del partido, Kerry McCarthy.
Por su parte, William Dartmouth, miembro del Parlamento Europeo por el Partido para la Independencia de Gran Bretaña, acusó al presidente Rajoy de provocar una disputa para distraer la atención de un escándalo de corrupción en su partido y de la grave crisis económica. "Sus vanas reivindicaciones sobre Gibraltar parecen encajar en su proyecto", dijo en un comunicado en el que instó a Cameron a enviar una fragata al territorio.
La UE reconoció el derecho de España a controlar su frontera con Gibraltar, pero pidió que esos controles "sean proporcionados".
El secretario de Estado español de Asuntos Exteriores, Gonzalo De Benito, afirmó que son "proporcionados", "no discriminatorios" y "responden a la normativa de la Unión Europea".
| Agencias Reuters y EFE |


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