30 de noviembre 2018 - 00:03

Príncipe saudí liberado de la Justicia. Corte deberá opinar

El príncipe saudí Mohamed Bin Salman podrá regresar sin contratiempos a Arabia Saudita luego de la cumbre del G-20, pese al intento de que sea la Justicia argentina la que se coloque la mochila de investigarlo por crímenes de lesa humanidad y por el asesinato del periodista del Washington Post Jamal Khashoggi. Los movimientos dados en tribunales luego de la difusa denuncia de la ONG Human Rights Watch fueron originales y podrían incluso tener aristas a futuro, aunque no consecuencias reales para el visitante, que goza de inmunidad diplomática, tal como lo aclaró ayer el vicecanciller Marcelo Suárez Salvia. Lo concreto es que a pedido de la fiscalía que comanda Ramiro González, el juez Ariel Lijo solicitó que sea Relaciones Exteriores la que confirme el estatus de representación que tiene el príncipe. Cuando eso ocurra, probablemente equiparándolo a un mandatario extranjero, el caso deberá ser derivado a la Corte Suprema de Justicia. El máximo tribunal es lo que se denomina tribunal originario para este tipo de investigaciones. El ejemplo es que tiene la instrucción (irresuelta) del atentado a la Embajada de Israel, por ser precisamente la representación diplomática de otro país en nuestro territorio.

Ni González ni Lijo quisieron apurarse a declarar la competencia de la Justicia federal o derivarlo a la Corte directamente. En 48 horas, Salman abordará su avión y ya no será un problema argentino. Relaciones Exteriores tampoco mostró desesperación por confirmar que la denuncia de Human Rights Watch podría poner en peligro la polémica visita del saudí. De hecho, nunca se solicitó su detención, sino que comenzara una investigación por crímenes de guerra en Yemen. Parte de lo que solicitó el juez a instancias del fiscal a la Corte Penal Internacional y a Turquía y Yemen tiene que ver con qué registro tienen otros tribunales (y uno internacional) sobre las tropelías que le achacan al heredero al trono. Si existiera algún registro de otra causa en curso por los delitos mencionados en alguna otra latitud, sería factible que no se gatille el principio de justicia universal para que sea la Argentina la que marque el camino contra Salman. Como lo hizo Baltasar Garzón en España con la dictadura local o como hizo María Servini de Cubría con el franquismo. Hasta Norberto Oyarbide se lució con la declaración del genocidio armenio en una investigación sumaria. La diferencia era la temporalidad de los hechos.

La probabilidad de que el expediente tenga como tribunal originario a la Corte Suprema es pintoresca, aunque con el nivel de internas y movimientos subterráneos que hoy tiene el tribunal, tampoco es dable esperar movimientos ágiles y mucho menos que compliquen el encuentro de líderes mundiales. Por las dudas, Salman canceló su estadía en un hotel del norte de Buenos Aires para pernoctar en la embajada de su país en la ciudad, territorio inexpugnable.

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