12 de mayo 2015 - 01:51

Galaxia K: entre el riesgo Massa y la duda Máximo

Máximo Kirchner y Sergio Massa
Máximo Kirchner y Sergio Massa
Máximo Kirchner se instaló en Olivos, meca vip de los desorbitados candidatos K, que estremecidos con la ducha de humildad que recomendó Cristina de Kirchner salieron, primero, a buscar pistas sobre si la frase los involucraba y, luego, a rastrear un protocolo de retiro, una guía para poner a disposición sus candidaturas.

Pero Máximo -que llegó la semana pasada y se quedará varios días- juega a las escondidas y deriva los pedidos de ver a Carlos Zannini y a Eduardo "Wado" de Pedro, que escuchan, prometen transmitir planteos y quejas, animan a que sigan caminando o sugieren, al pasar, destinos alternativos.

"Cristina lo dijo para dar una señal y que se pongan a disposición; después se irá viendo", explicó, anoche, un operador ultra-K que arriesgó que el desmalezamiento de las frondosas ristras de candidatos no será traumático ni inmediato, sino que irá acompañado por ciertos rituales.

En Casa Rosada valoraban que Sergio Urribarri, Agustín Rossi, Juan Patricio Mussi y Carlos Castagneto, por citar cuatro postulantes, se cuadraron y se pusieron a disposición de lo que ordene la Presidente.

Quizá por eso, "Wado" habilitó a Rossi para seguir de gira cuando lo sondeó para preguntarle si cancelaba la agenda de campaña, con la presentación de las "metas de Gobierno", que incluía Santa Cruz. Ayer, con un guiño, el ministro de Defensa aterrizó y encabezó un acto en Río Gallegos.

Un gesto similar hubo para Urribarri, que mientras agita la variable de la tercera boleta, se entrega al devenir si le toca ser el número dos de alguna fórmula presidencial. El entrerriano salió del congreso del PJ del viernes en Parque Norte molesto con Florencio Randazzo porque se paró como vocero interesado de la decisión oficial de que haya dos candidatos, él y Daniel Scioli.

"Randazzo dice que habla en nombre de Cristina, pero no tiene autoridad para prometerle nada a nadie", renegó un dirigente del interior. El mismo reproche cae sobre Aníbal Fernández entre los postulantes bonaerenses, que le imputan querer ser juez y parte cuando anuncia, como jefe de Gabinete, que habrá tres fórmulas en las PASO del FpV.

La teoría Aníbal F. se nutre de la hipótesis que circuló entre congresales en Parque Norte y refiere que de los doce postulantes, la porfía se concentrará entre Fernández, Julián Domínguez y Diego Bossio. Ayer, de Casa Rosada se agitó un cuarto nombre: el matancero Fernando Espinoza, a quien Zannini lo tentó con encabezar la boleta de diputados nacionales, pero el jefe del PJ avisó que llegará hasta el final.

Espinoza, según contó un dirigente que lo vio el fin de semana, apuesta a una paritaria personal con Cristina de Kirchner para explicarle cómo varía el caudal de voto de La Matanza según esté, o no, su nombre impreso en la tira de gobernador.

A 40 días del cierre de listas, a las intrigas generales se suman otros capítulos. A modo de testeo, el jefe de Gabinete sciolista, Alberto Pérez, encaró a De Pedro.

-¿Y la lista de diputados?

-La hace Cristina.

-Pero habrá algún lugar...

-Repiten todos.

-Pero entre ésos hay una randazzista; entonces, tendría que haber algún sciolista -señaló Pérez, en referencia a María Eugenia Zamarreño.

-Cristina -dijo "Wado", un latiguilo que usa como respuesta a todo.

El mutismo de Máximo tiene, arriesgan en el peronismo K, una razón específica: el primer anillo del dispositivo K, el que habitan la Presidente y su hijo, administra el silencio y el tiempismo porque todavía no resolvió un componente primordial de la ecuación electoral: por qué territorio y para qué cargo competirá Máximo.

Santa Cruz o provincia de Buenos Aires, la intendencia de Río Gallegos o diputaciones nacionales por alguna de las dos provincias.

Hay un condicionante adicional. Herido por la paliza que Sergio Massa les pegó en 2013, el kirchnerismo festeja el descascaramiento del Frente Renovador (FR), pero en medio de esa euforia pasional, aparece un componente temible y es que el tigrense haga, en su desesperación, un movimiento supervivencial: bajar a ser candidato a gobernador bonaerense.

Massa repite que no está en sus planes y desliza que eso es lo que le sugieren sectores de poder. En Casa Rosada cuentan que para reposicionar su candidatura gestionó un encuentro con "Wado" de Pedro para que el enjambre mediático oficial le dé visibilidad. En La Cámpora analizaban el formato para recibirlo como un "diálogo entre dirigentes", pero Massa tuvo su acto de Vélez y prometió "barrer a los ñoquis de La Cámpora que nos quieren dejar".

Un movimiento de Massa o un entendimiento entre Mauricio Macri y Franscisco de Narváez podrían obligar al Gobierno a revisar su hoja de ruta y adaptarla a un escenario de hiperpolarización. Ése es otro factor de dilación y por eso, como regla general, los ultra-K hablan de "no apurarse en la toma de decisiones".

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