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Gallinas, Nash y mecanismos para disfrazar pago
Así planteado el caso entre la Argentina y los fondos buitre, se está ante el "juego de la gallina" que se aplica en teoría de los juegos. A ninguna de las dos partes les conviene estrellarse (son dos autos que marchan enfrentados, y el que primero dobla pierde) y llegar a un default. El equilibrio se alcanza en un entendimiento que ubica a ambos en una situación ganadora. Cualquiera de los demás escenarios dejará a los participantes en una posición muy inferior. Pero antes de alcanzar el acuerdo, a los dos les conviene generar presión.
En primer lugar, hay margen de tiempo. Recién un mes después del no pago del cupón del Discount el 30 de junio se considerará a la Argentina en default. En segundo lugar, el Gobierno puede pagar con bonos los reclamos de fondos buitre, los u$s 7.000 millones en cuestión y que incluyen al resto de los acreedores en litigio en Nueva York. Se especula que Elliott aceptaría el 90% de lo reclamado. Pero hay que tomar en cuenta que un eventual entendimiento con fondos buitre gatillaría un alza de los papeles argentinos no menor al 20%. De rendir más del 11% en dólar el Bonar 2014, pasaría a ubicarse en torno al 8%. Eso lo saben tanto funcionarios como acreedores, por lo que el pago podría realizarse teniendo en cuenta ese efecto posterior. Esto provocaría, sobre la base de estos supuestos, que la emisión de bonos para archivar los fantasmas del juez Griesa rondaría los u$s 5.000 millones, menos de lo que costó poner fin al diferendo con Repsol por la expropiación de las acciones en YPF.
Una preocupación en el Ministerio de Economía se remite a la cláusula RUFO, por la cual quienes ingresaron a los canjes en 2005 y 2010 pueden exigir igual tratamiento que los fondos buitre. Sería un caos financiero pagarles con la receta buitre. Por ello el entendimiento eventual se haría siempre con fecha posterior al 31 de diciembre de 2014, cuando vence esa cláusula.
Un factor que no se ha tomado en cuenta a la hora de definir ventajas de no estrellarse en el "chicken game", son las políticas. ¿Cómo queda el Gobierno de cara a las elecciones con aluvión de dólares que genera el acuerdo? Analistas de Wall Street aseguraban a este diario que la economía argentina podría crecer cómodamente entre un 3% y un 4% en 2015 sin amenaza de buitres de la mano, además, de un clásico y esperable mayor gasto público. Hasta Kicillof no sería visto con desagrado en Buquebus. Pero falta aún; las amenazas e insultos son parte del juego.

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