1 de junio 2016 - 00:00

Ganadería: mejora la ecuación en el negocio del engorde

 Tras largo tiempo con una compraventa desfavorable para el engorde, mejoraron los números para la invernada ya que el kilo vivo de ternero se ubica hoy en un valor similar al del novillo, en unos $ 32. Así lo señaló Juan Pedro Colombo, de la consignataria Colombo y Magliano, en un análisis que publicó el sitio especializado Valor Carne. "Al aumentar tanto el costo de la alimentación, el feedlotero trató de bajar el precio de la reposición para que su negocio cierre", señaló el especialista.

También detalló que "incluso, los invernadores de campo, la mayoría intensivos, influyeron. Si todos los compradores están en

la misma tónica, obviamente, el mercado ajusta a la baja. Por eso, en los últimos días, la compraventa se ubicó casi en uno a uno, algo que no se veía desde hace tiempo".

Colombo, especializado en producción agropecuaria y martillero de la firma, confirmó que a fines de 2015, el novillo gordo en la pampa húmeda cotizaba a $ 30 por kilo vivo y el ternero a $ 37, un 23% más, y, actualmente, se ubican en $ 32 y $ 32 a $ 33, respectivamente. "Ahora los granos valen lo que tienen que valer. El maíz que estaba a $ 700 la tonelada llegó a $ 2.800 y el mercado ganadero, que es casi perfecto, con muchos compradores y vendedores, lo reflejó enseguida", planteó.

En concreto, este cambio drástico acentuó la retracción del precio de la invernada, propia de la estación del año, y "hoy, se paga lo mismo o apenas un 5% más que el kilo de novillo, cuando históricamente estaba un 10 a 15 % arriba", dijo. "Tampoco es bueno que la ecuación sea tan desfavorable para el engordador, como ocurría cuando el ternero era un 40% más caro que el gordo", agregó Colombo.

Otro factor que influyó en la relación compraventa fue la adversidad climática, que jugó un papel importante en la comercialización. "En el Litoral, con las inundaciones, hubo 20 días en que no se podía salir de los campos y las ventas de invernada se atrasaron. Ahí, el mercado estuvo parado casi un mes y luego hubo una avalancha que impactó en los precios. Todavía se ven consecuencias", narró.

Por último, indicó que también repercutió la incertidumbre macroeconómica, la inflación de los últimos meses y las elevadas tasas de interés bancarias. "Muchos productores guardaban sus terneros y los vendían en forma escalonada durante el año, buscando mejores precios luego de la zafra. Pero, hoy en día, tuvieron que reconsiderar sus planteos y en lugar de retener, salieron a vender más de lo previsto", lamentó.

Manifestó que "antes, con tasas de interés bajas, el criador por ahí sacaba un crédito y aguantaba sus terneros tres cuatro meses más. Además, si despachaba una jaula, tiraba uno o dos meses, pero ahora tiene que deshacerse de una jaula y media o dos para no pedir plata al banco o girar en descubierto".

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