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GANANCIAS: el deprimente recibo salarial
Decimos hoy porque hasta hace no más de seis o siete años, aún era una cuestión de los empleados con salarios más altos en cada empresa, y objeto de iras entre ejecutivos en salones privados. Lejos de la vista y los oídos de los gerentes medios o los empleados rasos, que veían con la ñata contra el vidrio cómo allá arriba, en las direcciones de las compañías, se discutía lo molesto que era cuando Ganancias arañaba gran parte de los salarios. Pero, en definitiva, era una cuestión de sueldos importantes. Y llegar a esos niveles, tenía su precio.
Ahora, con las liquidaciones salariales del mes pasado sobre la mesa, y con la aplicación de los aguinaldos de medio año sobre los brutos; tranquilamente un docente, un operario metalúrgico, un autopartista o un mecánico de una terminal automotriz, un trabajador de la industria química, un policía de cierta responsabilidad, un militar, un oficinista, un liquidador de sueldos y todos los choferes de camiones, trabajadores de las grandes siderúrgicas, los bancarios, los petroleros, mineros y responsables de áreas medias de pymes saben de qué se trata el temible Impuesto a las Ganancias.
Según los cálculos de los colegios profesionales de Ciencias Económicas del país, actualmente más del 25% de los empleados en relación de dependencia están alcanzados por el tributo a las Ganancias. Esto es porque perciben un salario de 15.000 pesos mensuales bruto, el límite interpuesto por el Gobierno para tomar en cuenta desde octubre del año pasado, decisión impulsada no por convicción sino en un intento de recuperar parte de los votos perdidos de la clase media luego de la derrota de las PASO en agosto del año pasado. Se toma en cuenta para esta medición, el hecho de que ya la mayoría de los sectores está aplicando los primeros incrementos salariales fruto de las paritarias 2014, que en promedio implica un alza de los sueldos del 28% nominal. Sin embargo, los que están alcanzados por el impuesto, perciben que en realidad el alza real del dinero que mensualmente se les deposita en sus cuentas; es de 25% o del 20%, según el nivel de retribución que tenga la persona.
El problema, sin embargo, no es el impuesto, sino la prima hermana: el alza de los precios. Es imposible tomar en cuenta cuál fue la inflación del año pasado (el INDEC arrojaba sus bizarras mediciones y los privados no están capacitados -o no tenían la intención- para medir seriamente la variable). Se coincidirá que en un año el aumento no fue menor al 30%. Si se tomara en cuenta ese porcentaje, este año un trabajador alcanzado por el impuesto no sólo no habrá ganado dinero ni recuperado poder adquisitivo en su salario, sino que habrá perdido, y bastante su capacidad de compra. En otras palabras, perdió la batalla contra la inflación gracias a la "doble Nelson" entre la inflación y Ganancias. La discusión será entonces cuánto: entre un 10% y un 15%, no menos. Sólo una actualización considerable podría hacer que los sueldos le empaten a la inflación, al menos tomando como válido el período julio 2013- julio 2014.
Si el Gobierno no decidiera, como muchos funcionarios deslizan por lo bajo, una actualización importante, o si directamente dejara pasar este ejercicio sin una suba del mínimo no imponible de Ganancias; para fin de año la pérdida se acumularía y llegaría a más del 20%. En resumen, un 20% de los trabajadores, los que están alcanzados por el impuesto, percibirían este año una perdida porcentual de no menos del 15% en sus sueldos en comparación con 2013.
Se repetiría el esquema que el kirchnerismo inauguró en 2012: no actualizar Ganancias y aplicar el ajuste directamente sobre los salarios. Es una posibilidad. No muy recomendable si se quiere recuperar la inercia del mercado interno como motor del consumo y, a mediano plazo, pensar en que la clase media tenga simpatías electorales con el oficialismo al mirar sus recibos de sueldos.
@cburgueno


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