Al conocer la decisión de Cunha, la mandataria dijo "fue mejor así, según asesores próximos citados por medios locales.
Desde que asumió su segundo mandato, hace once meses, la ingobernabilidad fue el sello de su gestión. Entre otros motivos, porque en los hechos perdió el apoyo de su coalición aliada a instancias de un jefe de Diputados en pie de guerra, que comandó varias de las derrotas que el Gobierno sufrió en el Congreso.
Tan empantanado se encuentra el país, que Rousseff no sería la única que piensa que "por fin" Cunha ya no tiene en sus manos el arma con la que venía manipulando a oficialistas y opositores: el "impeachment" de la presidenta, con el que seducía a unos prometiendo no avalarlo y a otros diciendo que lo haría.
"Si hay algo positivo en las noticias del miércoles es el fin de la parálisis que dejaba a Brasil rehén de Brasilia", opinó ayer el columnista del diario Folha de Sao Paulo Bernardo Mello. "Mientras era chantajeado por Cunha, el Gobierno no gobernaba. Ahora el sistema político tendrá que volver a moverse, para un lado o para el otro", agregó.
Los embates de Cunha contra el Ejecutivo se fueron haciendo cada vez más violentos a medida que afloraban denuncias de corrupción en su contra, que originaban a su vez movimientos en el Congreso para despojarlo del cargo. Así se llegó al chantaje que desencadenó la decisión del miércoles: o el Gobierno lo respaldaba para no perder el puesto o él acogía uno de los pedidos de destitución de Rousseff, potestad que tiene por presidir la Cámara baja.
Y así fue. Pocas horas después de que el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) anunciara su decisión de votar a favor de la destitución de Cunha en el Consejo de Ética de la Cámara baja, éste acogió oficialmente el pedido apertura de juicio contra Rousseff.
El anuncio no pudo caer en peor momento para Rousseff, rechazada por cerca del 80% de la población, acusada de haber mentido en la campaña electoral al ocultar la verdadera situación económica del país y bajo sospecha de haber recibido fondos desviados de Petrobras en su campaña.
También es dramático el momento económico del país, que se encamina hacia la mayor recesión en 30 años.
"El Gobierno que comenzó melancólicamente hace menos de un año entra ahora en una lucha con espadas y a oscuras. El desenlace es imprevisible, pero es mejor abrir el proceso de 'impeachment' y librarse del chantaje. Ella podrá sobrevivir o no. Si sobrevive tendrá una nueva oportunidad, una especie de nuevo comienzo. Si no, vendrá (el vicepresidente) Michel Temer", sintetizó la situación la analista del diario O Estado de Sao Paulo Eliane Cantanhede.
El camino hasta que se conozca el desenlace es largo, aún debe pasar por una comisión especial y votaciones en ambas cámaras, pero la inestabilidad que producen sus sucesivas etapas, sumada a la colosal crisis económica, auguran tiempos difíciles para el país.
Brasil cumplió este año 30 años de democracia, tras 21 de dictadura militar, y ya pasó por otro proceso de "impeachment": el del expresidente y hoy senador Fernando Collor de Mello, en 1992, acusado de corrupción.
| Agencia DPA |


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