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García Márquez en el cine
Una escena de “El coronel no tiene quien le escriba”, de Arturo Ripstein, una de las mejores adaptaciones de García Márquez al cine .
En sus inicios como periodista, apenas veinteañero, el cine fue sólo uno de los temas surtidos con que entretenía e informaba a los lectores. Pero en 1954 también se hizo cargo de la columna de estrenos de "El espectador" de Bogotá. Y codirigió en Barranquilla un corto amateur, "La langosta azul". Para saber más, se anotó en el Centro Sperimentale de Cinematografia, de Roma. Ahí nació la amistad con García Espinosa, Gutiérrez Alea y Fernando Birri, entonces estudiantes y luego directores. El solo llegó a tercer asistente de director, en "Pecatto che sia una canaglia", con Sofía Loren. Y volvió al periodismo.
Ya en 1964, cuando empezaba a ser respetado pero todavía no llegaba a fin de mes, se puso a escribir para el cine mexicano. En ese período surgen cosas como "Cuatro contra el crimen", con la bomba rubia Libertad Leblanc, "Patsy, mi amor", con Ofelia Medina, "Presagio", de Luis Alcoriza, "El año de la peste", de Felipe Cazals. Pero también "El gallo de oro", de Roberto Gavaldón, escrito con Carlos Fuentes, y la comedia social "En este pueblo no hay ladrones", escrita con García Riera y el director Alberto Isaac. Y con singularísimo reparto: Luis Buñuel hace de cura, García Márquez de boletero, Juan Rulfo y Carlos Monsivais juegan al dominó, y por ahí andan los futuros directores Alfonso Arau y Arturo Ripstein.
Este último, precisamente, debutó en 1966 con un guión de García Márquez y Carlos Fuentes, "Tiempo de morir" (historia de un duelo). Siguieron con un corto, "HO", para el largo "Juego peligroso". Entonces Ripstein le pidió los derechos de "El coronel no tiene quien le escriba" y la respuesta, medio en broma, fue "Cuando aprendas a filmar te los doy". Y se los dio recién 33 años más tarde, pero la espera valió realmente la pena. Ojalá le hubiera dicho lo mismo a Ruy Guerra, que le arruinó "Eréndira", "Fábula de la bella palomera", la miniserie "Me alquilo para soñar" y "La mala hora", pieza braso-portuguesa con participación argentina a cargo de la productora Liliana Mazure, luego presidente del Incaa y hoy diputada nacional.
Otros plomos fueron "La viuda de Montiel" (Miguel Littin), "Crónica de una muerte anunciada" (Francesco Rosi), "Memoria de mis putas tristes" (Henning Carlsen, hecho directamente en inglés). Párrafo aparte, "Un señor muy grande con unas alas enormes", de y con su amigo Fernando Birri. La obra fue algo fallida, pero Birri supo aprovechar las debilidades organizando seminarios de análisis sobre las fallas de la película y cómo debió haberlas evitado. Por algo, García Márquez lo impulsó como primer director de la Escuela de San Antonio de los Baños, que ambos fundaron en 1986.
"El realismo mágico de García Márquez es infilmable", decía su amigo Arturo Ripstein. Quizá por eso las películas más apreciables se basan en sus relatos sentimentales. A destacar, "María de mi corazón" (Jaime Humberto Hermosillo), "El mar del tiempo perdido" (Solveig Hoogesteijn, venezolana de origen sueco) y la serie de telefilms para RTVE "Amores difíciles", con "Cartas del parque" (Gutiérrez Alea, con Víctor Laplace como escritor de cartas a pedido de analfabetos en un pueblo tropical de hace un siglo), "Milagro en Roma" (Lisandro Duque), "El verano de la señora Forbes" (Hermosillo, con Hanna Schygulla), "Yo soy el que tú buscas" (Jaime Chávarri), "Un domingo feliz" (Olegario Barrera). También, dentro de lo que cabe, "El amor en los tiempos del cólera" (Mike Newell, con Javier Bardem en inglés).
En Colombia, su tierra natal, García Márquez hizo las adaptaciones de textos propios y ajenos para "Tiempo de morir", remake, la miniserie "Crónicas de una generación trágica", referida a la guerra de independencia, "Edipo alcalde" en versión moderna (todas de Jorge Alí Triana), "Los niños invisibles", la telenovela "La María", basada en el clásico romántico "María", de Jorge Isaacs (ambas de Lisandro Duque), y siguió de cerca las recientes "Del amor y otros demonios" (Hilda Hidalgo) y "Lecciones para un beso" (Juan Pablo Bustamante).
Otras obras, es imposible seguirlas de cerca. Quién sabe cómo son las películas de Estonia, Israel, Polonia, Georgia, Grecia, China, que se dicen basadas en sus cuentos y novelas. Hasta hay un extenso videofilm japonés, "Saraba hakobune", de Shuji Terayama, que se dice inspirado nada menos que en "Cien años de soledad", la más extensa y difícil expresión del realismo mágico. Pensar que el maestro Akira Kurosawa charló varias veces con García Márquez para adaptar "El otoño del patriarca" y al final no se animó. Tampoco Rodrigo García, su propio hijo, se animó a filmar algún texto del padre, aún cuando éste lo admiraba y mucha gente los estimulaba a trabajar juntos. Pero en cambio actuaron juntos, en la serie norteamericana "On Story". Una rareza.


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