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Por primera vez, en once años, finaliza un contable "en rojo", al quedar con un resultado neto adverso de $10.920.343 (doce meses atrás ganaba $72 millones). No hace falta aclarar entonces que este ha sido uno de los peores años para el grupo desde que se consolidara en Rheem SA, Finpak SA (CEPA SA quebró en 2005). Dividiendo las responsabilidades vemos a la primera aportando $31,5 millones sobre ventas por $978,9 millones (fueron $79,8 millones y $837,8 millones en 2016; +17% y -61% respectivamente, frente a una inflación de 21,7%) mientras la segunda le detractó $48,4 millones sobre ventas por $98,6 millones (fueron adversos $15,9 millones sobre ventas por $201,2 en 2016; +203% y -51%). Este juego, en que una le quita lo que la otra le da, lleva tiempo, así vemos que en lo que va de la década Rheem le aportó al grupo u$s28,7 millones en tanto Finpak le quitó u$s5 millones. Más que usar el poco espacio de este comentario para hablar de la primera (en la década promedia un ROE de 32% y un resultado/ventas de 7%; en 2017/16 fueron 12% y 3% respectivamente, en línea con el sector) vamos a hacerlo con la segunda. Ante la caída de las ventas con el consiguiente incremento de inventarios, la sociedad comenzó hace dos años a suspender personal y a medida que la situación empeoró a despedirlo hasta que en febrero se decidió descontinuar la fabricación de heladeras (claramente la idea de buscar un balance contra-estacional ha sido negativa para el grupo). El personal remanente y la planta de la firma en Catamarca fueron destinados entonces a la fabricación de termotanques eléctricos de Rheem, destinados al NOA argentino. La continuidad de este proyecto, que siguen en período de prueba dependerá de los resultados, que determinarán el futuro de la sociedad.
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