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Junto a Metrogas, cuyo balance anual comentamos ayer, son las dos distribuidoras de gas más grandes del país. La diferencia es que la de hoy es una empresa privada, en tanto la otra está desde 2012 en manos de YPF, lo cual significa que su control último queda en manos del Gobierno (a principios de este año, el ENERGAS le reclamó a YPF que se encuadre al art. 34 de la Ley 24.076 que prohíbe la integración vertical en la industria del gas -Pregunta: ¿y Pampa Energía?-, lo cual significa una venta parcial o total de su capital accionario en Metrogas; 70% YPF, 10% personal, 8,13% FGyS y el resto "floating"). Mientras la paraestatal abastecía a fin de 2016 cerca de 2,3 millones de clientes, la que comentamos hoy llegaba a 1.631.502 (1,2% más que a fin de 2015); mientras la primera vendió en el año 2.852 millones de metros cúbicos de gas y transportó 3.538 millones, la segunda vendió 2.471 mm3 y transportó 4.273 millones; mientras sin computar el auxilio del Estado aquélla perdía antes de impuestos $1.430 millones durante el año que acaba de finalizar, ésta resignaba $219 millones; mientras el patrimonio negativo de Metrogas creció un 79% en doce meses a -$1.372.2 millones, el positivo de Gas Natural BAN creció 28% a $1.101.3 millones. Como dicen, las comparaciones son odiosas -en especial para el perdedor- pero de tanto en tanto necesarias para ver qué se / quién hace bien y qué /quién mal, especialmente cuando el marco es adverso. Partiendo con una ganancia bruta de $607 millones (143% más que en 2015), y un "operativo puro" de adversos $160 millones (33% más que lo perdido en 2015) que refleja lo insuficiente de los ajustes tarifarios habidos hasta ahora -compensado parcialmente con la asistencia transitoria estatal-, la vemos terminando el año con un neto de $241.74.323, 13% más que lo resignado un año antes.
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