Buenos Aires está cara. Para los estadounidenses, para los brasileños, para los chilenosy para todos los hombres de buena voluntad que quieran visitar suelo argentino. Hoy en cualquier restorán no necesariamente pretencioso es imposible comer por menos de sesenta o setenta pesos por barba, una cifra que puede hasta cuadruplicarse si se cena con un buen vino en uno de los lugares top de Puerto Madero o alguna de las varias versiones de Palermo.
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En sentido inverso, comer en Miami puede llegar a costar menos de u$s 25 por persona en un buen restorán, cifra que puede elevarse a u$s 45 si se opta por alguna de las numerosas parrillas «todo-lo-que-pueda-comer», con cóctel de bienvenida y bebidas incluidas. La cuenta es sencilla: Buenos Aires es más cara que Miami, y seguramente «empata» con Nueva York a igual nivel de calidad y servicio.
Un ejemplo: uno de los restoranes italianos internacionales más reputados, tiene sucursales tanto en Puerto Madero como en el centro comercial Cocowalk, en el suburbio miamense de Coconut Grove. Comer en el establecimiento porteño es impensable por menos de $ 120/200 por cabeza, dependiendo del vino y la cantidad de gaseosas. En cambio en el de Cocowalk -con un nivel de calidad algo inferior, es cierto, pero no tanto- es posible cenar por u$s 30, y las gaseosas (como en casi todos los restoranes de Estados Unidos) tienen «free refill» (rellenado sin cargo y sin límites del vaso).
Desde ya, las cadenas como Denny's, Tony Roma, La Ponderosa o The Cheescake Factory -todos clásicos de Florida- no son establecimientos «con clase», pero tampoco lo son muchos pretenciosos restoranes porteños donde la calidad de la comida se (mal) oculta con un servicio descortés y una iluminación menos que escasa. Es el caso de casi todos los ubicados en la cuadra que va de una rápida avenida en Palermo a su primera paralela hacia el oeste, pero no el único.
Los escandalosos precios de Buenos Aires no terminan en la gastronomía: alquilar un auto mediano-grande (un Pontiac, por caso) en Miami cuesta unos u$s 40 diarios, incluyendo todos los seguros y un tanque de nafta gratis. Es el mismo valor que cobran las agencias de remises por trasladar a un pasajero desde Ezeiza a Belgrano (45 minutos de viaje).
Los ejemplos abundan también cuando se trata de hablar de indumentaria: si bien sería injusto comparar los «outlet malls» que abundan en Florida con los comercios argentinos, los precios de la ropa local ya rozan lo ridículo. Como siempre, cuando la marea turística se retire, seguirán siendo los residentes argentinos los que mantengan a los comerciantes que hoy se empeñan en cobrarles la comida, los servicios y la ropa como si fueran europeos. Sin darse cuenta quizás que ni ellos parecen dispuestos ya a convalidar esos precios.
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