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Generoso recital de Elena Roger con momentos sublimes
Generoso recital de Elena Roger con momentos sublimes
Elena Roger tiene, ya desde hace tiempo, una muy bien ganada fama como artista de teatro musical. Pasó por muchas experiencias, todas exitosas en lo artístico y en el reconocimiento público, aquí y en el exterior. Pero terminó de dar un salto definitivo también como cantante de recitales. No es algo nuevo en ella. De hecho, su álbum más reciente, "Tiempo mariposa", es el tercero de una carrera discográfica que arrancó en 2006 con "Recorriendo el rock nacional", grabado en vivo en el teatro El Nacional, y que tuvo su segundo capítulo con "Vientos del sur" en 2008. La novedad, quizá, sea la madurez y la propia confianza que Roger ha ido adquiriendo en este otro aspecto de su profesión.
El nuevo CD significa un desafío mayor, porque se atrevió a armar un repertorio de canciones no conocidas o muy poco escuchadas, de autores que no siempre están entre los muy populares. Son piezas de tinte urbano, de algún modo ligadas al rock, o al pop o al folklore, de creadores como Lisandro Etala, Sebastián Irigo, Lisando Aristimuño, Javier López del Carril (además su guitarrista y director musical), Guadalupe Gaona, María Ezquiaga, Lucio Mantel o el brasileño André Abujamra. Nunca es sencillo ofrecer un concierto con temas que no están en el oído del público. Y Elena Roger, con una voz que es una maravilla de prolijidad técnica y con una expresividad que puede encontrar siempre el clima adecuado, hizo en el Ópera un recital que bien merecería una edición.
Cantó íntegramente el contenido del nuevo álbum, inclusive el fragmento de "Mariposas" de Silvio Rodríguez y el poema "Cuadrados y ángulos" de Alfonsina Storni. Volvió sobre algún tema de "Mina, che cosa sei?!?" y de "Piaf". De su disco rockero hizo "Mariel y el capitán", en versión paródica con su ex pianista Gaby Goldman, y "Barro tal vez", en una interpretación inolvidable junto al guitarrista López del Carril. De "Vientos..." recordó "Every Breath you Take" de Sting. Invitó a varios a compartir el escenario: su marido Mariano Torre y María Ezquiaga para "Vamos a dar una vuelta", el acordeonista Gabriel Abramovici, su hermano guitarrista Sergio Roger, Juan Carlos Baglietto para "Las cosas tienen movimiento". Se respaldó en una banda de formación pop con el agregado de una violinista (o de un cuarteto de cuerdas a veces) muy bien conducida desde la guitarra. Arrancó bajando desde el techo del teatro, enganchada en un arnés, y fue después sencilla y divertida, en el vestuario y en la relación con la platea. Y ya sobre el final hizo "No llores por mí Argentina", casi como no podía ser de otro modo. En definitiva, una artista que entiende y maneja los códigos y que tiene, sin dudas, muchas más cosas por decir todavía.


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