• SE DESCOMPRIME EL GABINETE Macri esperó hasta ayer que el subsecretario le presentara la renuncia. Otros funcionarios miran
con temor el ejemplo.
Los radicales van a tener hoy su primer cumbre parlamentaria del año. Como se relata en nota aparte, allí debatirán la estrategia parlamentaria del grupo para el 2018 y escucharán también algunas penurias que rodean a la relación del partido con la Casa Rosada. Todo ese debate estará precedido del relato que sin duda le hará Mario Negri a los diputados y senadores presentes sobre el ya famoso tuit en el que pidió la renuncia de Valentín Díaz Gilligan, que ayer se concretó, al día siguiente de su regreso del retiro oficialista en Chapadmalal.
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Negri explicará hoy que se liberaron sus dedos sobre el teclado cuando escuchó que Díaz Gilligan intentaba una defensa alegando que el depósito en Andorra se trataba de "fondos privados" y que todo se trató de prestarle el nombre a un amigo. Para el radical esos argumentos defensivos fueron casi delirantes, tomando en cuenta que provenían de un funcionario público en esos apuros.
Desde el Gobierno nadie le contestó, pero el gesto del radical no cayó bien en algunos, aunque desde ese momento quedó en claro que la supervivencia de Díaz Gilligan era imposible, fuera cual fuere su estrategia defensiva.
Negri, como lo hizo Elisa Carrió en otros momentos, obligó a subir la vara, pero en este caso de la intolerancia frente a deslices en el gabinete. Macri, que lee mejor estos mensajes que muchos de sus funcionarios, ya estaba orbitando en el mismo sistema de pensamiento y sabía desde Mar del Plata (donde estalló el tema en medio del retiro de ministros) que era imposible una vuelta atrás para el funcionario.
La salida ayer fue por renuncia y todos en el gabinete miran con temor este procedimiento de limpieza innovador para el macrismo. Los ejemplos anteriores, con o sin denuncias de por medio, corrieron por otros carriles. En el caso de Alfonso Prat Gay Macri le pidió la renuncia con honores; a Jorge Lemus lo renunció sin contemplaciones, a Juan José Gómez Centurión le pidieron que se tomará un respiro de la Aduana, en medio de la causa por los contenedores truchos y tras haber probado inocencia lo reciclaron como vicepresidente del Banco Nación. Ahora todo cambió: desde Díaz Gilligan algunos pueden comenzar a pensar que Macri esta esperando que le lleven la renuncia.
Quedan casos pendientes. Dos de ellos la tienen a Elisa Carrió como protagonista. La chaqueña ya se cruzó con Germán Garavano por el cambio en la acusación en la causa AMIA. Carrió ordenó a su tropa preparar la presentación de un pedido de juicio político. Mariana Zuvic acató la orden con fruición.
Otro caso en el gabinete resulta mucho más intrigante que ese. Carrió es amiga personal y política del radical cordobés Oscar Aguad, con quien tejió una alianza íntima entre las bancas de Diputados. La salida de Diego Suñer de la jefatura del Ejército fue un primer límite a esa relación. La chaqueña avisó que no estaba de acuerdo con esa decisión y vía Twitter le mandó agradecimientos al saliente. Poco después pidió que le expliquen qué significa la reforma en las Fuerzas que se diseña desde el Ministerio de Defensa y si el financiamiento de esa movida tiene que ver con la venta de tierras del Ejército.
En el oficialismo todos hacen silencio y esperan el segundo capítulo de ese cruce inédito y miran a los otros dos ministros que vieron pasar la guillotina cerca, Jorge Triaca y Miguel Etchevehere, aunque como tras todo estallido volcánico, Díaz Gilligan ayudó ahora a que baje la presión.
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