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Gira mágica y misteriosa de Ingrid Betancourt
Encuentro mediático de Ingrid Betancourt, Cristina de Kirchner y Madonna.
En Colombia, no había caído nada bien que Ingrid, ex candidata presidencial en su país, pero que también tiene nacionalidad francesa, se tomara un avión a París al día siguiente de su liberación -el 2 de julio pasado-, aduciendo razones de seguridad en un país donde los amenazados se cuentan por miles. Ahora, nuevamente, Ingrid eligió marchar por las calles de Madrid antes que por las de Bogotá, ciudad a la que llegó un día después -29 de noviembre pasado- de la manifestación contra las FARC para una visita relámpago, previa a su gira sudamericana.
«Francia no tuvo absolutamente ningún rol en la liberación (de Betancourt) puesto que la operación Jaque fue realizada por el presidente Alvaro Uribe sin informar previamente a París.» Esta conclusión pertenece a Jacques Thomet, ex jefe de la oficina de Bogotá de la agencia «France Presse», conocedor de la realidad colombiana y autor del flamante libro «Secretos de la Operación Betancourt» (noviembre de 2008).
Thomet sostiene que el accionar de Francia fue contraproducente porque «hizo subir el valor de Betancourt (convirtiéndola) en la gallina de los huevos de oro» para una guerrilla que, merced a la campaña montada en torno del caso, ganó protagonismo internacional. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, llegó a grabar mensajes televisados dándole trato de «monsieur» a Manuel Marulanda, jefe de las FARC (se ignoraba entonces que había muerto en la selva por causas naturales).
«Todo lo que hizo Francia contribuyó a atacar al régimen colombiano (...) a tal punto que se creía, en Francia, que el gobierno de Colombia era el responsable del drama de Ingrid», explica Thomet. No sólo en Francia. La confusión se extendió hasta estas latitudes, donde los Kirchner se sumaron a la campaña francesa, con la misma actitud de reproche hacia Uribe y en paralelo con una notoria indulgencia respecto de las FARC, cuyo accionar no fue condenado jamás por el gobierno argentino. Ni el protagonismo argentino, ni el francés incidieron en la liberación de Ingrid; sí en su instalación mediática mundial que, por otra parte, no tiene correlato con su peso en la vida política colombiana. Cuando fue secuestrada, en el año 2002, Betancourt era una candidata presidencial intrascendente, con menos de 1% de intención de voto, y las circunstancias de su captura por las FARC
-cuando se adentró en una región controlada por esa guerrilla pese a las reiteradas advertencias oficiales en contrario- dejaron flotando la sensación de la búsqueda de promoción.
Pese a todo, recién liberada, Ingrid voló a París, donde fue recibida como heroína, para agradecer su liberación. Y el martes, en Buenos Aires, dijo deber su libertad «al ex presidente Kirchner y a su esposa». No hay duda de que ambos se involucraron en el caso, pero los resultados no tuvieron nada que ver con el objetivo declamado. Hubo más bien una figuración desmedida, tanto en la selva colombiana, en un fallido operativo de rescate, como en París, en una marcha por Ingrid.
A comienzos de octubre, Betancourt dejó azorada a la prensa parisina cuando envió por anticipado un comunicado agradeciendo el Premio Nobel de la Paz y explicando las razones por las cuales merecía un galardón que finalmente no le fue otorgado.
La fotografía con Madonna y Cristina en la Casa Rosada es el mejor símbolo de que el impacto mediático de su caso fue una de las motivaciones de muchos de los que se sumaron a la campaña por su liberación, del mismo modo que parece serlo hoy de la gira emprendida por la ex rehén.

