7 de enero 2011 - 00:00

Gobierno agita el duelo ajeno

La omnipresente interna radical, tormentosa y veraniega, indujo ayer a la intervención de la Casa Rosada en esa disputa ajena, pero se sobrentiende que siguen en detalle y, cuando pueden, incentivan, porque el estropicio de otros es más eficaz, a veces, que el mérito propio.

Las intromisiones han sido recurrentes. En la interna de la UCR bonaerense, en junio del año pasado, Néstor Kirchner mandó a algunos punteros y a los radicales K a colaborar con Ricardo Alfonsín, que enfrentaba a Julio Cobos. Ganó «Ricardito» y empezó el declive del mendocino.

Hasta ahora, el Gobierno prefería no meterse en el entrevero semántico radical, pero ayer Florencio Randazzo no pudo resistir la tentación y se dedicó, desde la costa, a cuestionar a Ernesto Sanz, el tercer dirigente de la UCR que se suma a la grilla presidencial.

El ministro del Interior se enfocó en lo que consideró «contradicciones» del senador y jefe del Comité Nacional. Compartió sus dichos a la prensa con sus comportamientos en el Congreso y, puntilloso, repasó cada uno de los desajustes entre lo dicho y lo hecho.

«Habla a favor de la reestatización de Aerolíneas Argentinas; ¿sabe cómo voto el radicalismo?: en contra; habla a favor de que los fondos de los trabajadores y los aportes patronales hayan vuelto a ser administrados por el Estado, pero votaron en contra cuando lo propuso la Presidenta», apuntó el funcionario.

Y siguió: «Dice que le parece correcto la utilización de reservas para el pago de vencimientos de deuda, aunque se opusieron cuando lo propusimos; y elogia a la Asignación Universal por Hijo, cuando él mismo dijo que quienes la cobraran la iban a usar para el juego y la droga».

Objeción

Cerró con una objeción personalizada combinada con un lamento religioso. «No es razonable la postura de Sanz. Realmente pobre país: Dios nos libre si vuelven a gobernar».

No es casual la aparición de Randazzo en la batalla radical. En Gobierno plantean que les conviene que la oposición entre en disputas por «nombres» cuando, en pose de estadistas, afirman que el kirchnerismo prefiere centrar la discusión en «el modelo».

Ésa es la razón por la que, públicamente, el gabinete nacional -y algunos gobernadores- suele evitar las definiciones tajantes a favor de la reelección de Cristina de Kirchner más allá de que, se supone, todos están a favor de que eso ocurra.

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