18 de junio 2009 - 00:00

Gobierno gastó ya u$s 23,4 millones en antivirales

Graciela Ocaña
Graciela Ocaña
El Gobierno aprobó ayer una contratación para adquirir el antiviral para la influenza A H1N1, el oseltamivir, hasta 10 millones de unidades y 240.000 frascos de suspensión oral para uso pediátrico.

Según publicó el Boletín Oficial, el Estado nacional gastó en esa compra $ 88,43 millones que equivalen a u$s 23,39 millones. En tanto, Chile, con una población casi dos veces y media menor, gastó con el mismo fin en la última semana u$s 13,7 millones en tratamientos antivirales, y el decreto de emergencia sanitaria, puesto en vigencia ayer, aseguraría una partida adicional de u$s 32,9 millones para enfrentar la influenza.

En el país trasandino se habían detectado hasta ayer 3.125 casos confirmados con tres muertos, mientras la comunidad médica estima que el total real de infectados ya asciende a 21.000. En la Argentina, los casos confirmados son 918 con cuatro fallecimientos.

La confrontación de las cifras entre los dos países, la creciente sensación de que la ministra Graciela Ocaña no cuenta con el respaldo explícito y comprometido de la presidente Cristina de Kirchner, y el copamiento de la agenda política por los próximos comicios van acentuando la incertidumbre sobre la envergadura que puede alcanzar la enfermedad en nuestro país.

Trascurrida la primera etapa en la que los afectados fueron personas de clase media y alta que habían viajado al exterior o estuvieron en contacto con viajeros, la influenza A H1N1 circula ya por toda la Capital Federal y el conurbano, mientras los especialistas prevén que la enfermedad podría ser más grave para los grupos sociales más vulnerables, especialmente en los niños mal alimentados del Gran Buenos Aires.

Desde esta semana, en los hospitales públicos del GBA, contrariamente a lo que ocurre en la mayoría de los establecimientos privados, no hay espacios separados para los que presumen tener síntomas de gripe A y cualquier otra sintomatología. Se sabe que en numerosos hospitales y salas públicas, las enfermeras les están pidiendo a las madres que se lleven a los hijos sin esperar las horas para llegar a la consulta, porque, les dicen, «se van a terminar contagiando».

Uno de los problemas más inquietantes es la demora en obtener los resultados de los análisis, que hasta ahora siguen sólo concentrados en el Instituto Malbrán, el laboratorio nacional de referencia para actuar frente a una epidemia, pero en realidad no destinado a atender casos individuales.

Hasta ahora, ningún gran laboratorio privado se ofreció para realizar el procedimiento y tampoco el Gobierno intervino para solicitárselo. Si bien no habría en realidad más de cuatro en condiciones de hacerlo, sería un paliativo para el colapso del establecimiento estatal que no puede ocuparse además sólo de la gripe.

Muchos pacientes refieren que, en las últimas semanas, el análisis en el Malbrán demora más de 10 días. El médico Gustavo Ríos, director del Instituto, explicó que debe considerarse el tiempo que tarda en llegar la muestra desde el lugar donde fue realizada, el procesamiento y el plazo para volver a llegar al paciente. Pero también afirmó a este diario que «para los casos hospitalizados el resultado está en el día y para los graves demora entre 72 y 96 horas, pero mientras tanto el paciente recibe el tratamiento».

Desde el martes, además, las pruebas se restringen a los casos graves, a los pacientes vulnerables por enfermedades anteriores y a las zonas del país donde el virus todavía no está extendido.

Esto significa que cada médico deberá resolver en qué caso corresponde iniciar el tratamiento con el antiviral, lo que lleva inevitablemente a que la gripe estacional sobre todo en los niños, donde siempre se da con temperaturas muy altas, terminaría medicada con oseltamivir, siempre que el medicamento esté realmente disponible en el centro de salud adonde se concurra.

Entre los interrogantes que plantea el tema, hay expertos que se preguntan por qué la Argentina no cuenta con el reactivo rápido que (a la manera de un test de embarazo) se vende en farmacias de EE.UU. y México. Esta evaluación doméstica permite saber en dos o tres horas si un paciente tiene influenza A, pero no puede especificar si es del tipo H1N1. El reconocido especialista Daniel Stamboulian afirmó a este diario que «en algunos lados preconizan el método rápido porque si da positivo, se empieza a suministrar la medicación». Esto tiene su importancia porque dicen que las primeras 48 horas son claves para que el antiviral tenga el efecto esperado.

Ríos, en cambio, desestimó el uso del método rápido, porque, aseguró, en los casos negativos tiene un 50% de error, «con lo que se corre el riesgo de que mucha gente no sea tratada cuando debería serlo». Pero también admitió que «muchos en EE.UU. se quedaron conformes con los resultados de la prueba rápida».

El método seguro de detección, que, como explicó Ríos, podría dar resultado en el día si hubiera más laboratorios involucrados, utiliza un kit producido en EE.UU., una vez que en ese país se aisló el nuevo virus, y somete al hisopado hecho al paciente a tecnología molecular denominada PCR. El procedimiento va dando respuestas desde las primeras 10 horas hasta 48 horas después, pero en la primera etapa ya hay una respuesta bastante concluyente, según admitió Ríos.

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