No hay novedad en eso y tampoco parece que la guerra que se inició en el Congreso y terminó con un Presupuesto trunco le haya generado un costo político importante al kirchnerismo. En las primarias el tema ni siquiera estuvo en la agenda de campaña.
Pero hay incomodidades que el gobierno no está dispuesto a seguir pasando. Por lo pronto, Cristina de Kirchner no quiere iniciar su posible segundo mandato sin el Presupuesto 2012. La ausencia de esa ley no se condice con el relanzamiento que piensa instalar el oficialismo y mucho menos con la imagen de prolijidad institucional que pretende mostrar.
Esquema
De ahí que el Gobierno tenga decidido un esquema de votación del Presupuesto que dista de las especulaciones que circulan por Diputados:
Hasta ahora, el kirchnerismo no tiene número suficiente para aprobar el Presupuesto ni cualquier otra ley, y nada asegura aún que en las elecciones del 23 de octubre consiga el quórum propio.
Pero con la proyección de votos que plantó el resultado de la primaria del 14 de agosto, no es extraño que el oficialismo este eufórico, aunque ordene a sus espadas jugar a menos y afirmar que nunca podrán volver a tener los 129 diputados del número mágico. En esa estrategia trabaja arduamente Agustín Rossi.
De ahí que el oficialismo supone que es mejor no arriesgarse a largas negociaciones con la oposición y esperar el recambio para debatir el Presupuesto 2011.
Para hacerlo, Cristina de Kirchner deberá convocar a sesiones extraordinarias, fijando el Presupuesto dentro del temario. Pero con el costo político que tuvo este año por no tener la ley aprobada, ese trámite será menor.
La CGT presiona por bajar la presión de ese impuesto sobre los salarios, especialmente por el impacto que tiene sobre camioneros, petroleros, mineros y bancarios, aunque el tributo ya está alcanzando a la mayoría de los trabajadores del escalafón más alto en todas las actividades.
Hasta el Presupuesto 2010, el Gobierno contaba con una autorización para ajustar el mínimo no imponible y de hecho así lo fue haciendo.
Pero al no tener ley y reconducir ese Presupuesto para utilizarlo en 2012, cayó toda cesión de facultades. De hecho, en la actualidad se sigue aplicando la suba del mínimo no imponible sobre los salarios que se dispuso el año pasado sólo porque la AFIP dispuso por resolución una prórroga de emergencia. Legalmente, si no hay una solución por ley, dentro o fuera del Presupuesto, el Gobierno deberá seguir prorrogando por decreto esa baja en la presión sobre los salarios, pero en los hechos necesita encontrar con urgencia una salida.
No sólo ese punto complica: con la falta del Presupuesto están en el aire las autorizaciones del Congreso para el pago de subsidios y el manejo en general del límite máximo de endeudamiento (facultad exclusiva del Congreso), sin contar la autorización para utilizar reservas del BCRA para el pago de deuda que sigue haciéndose por DNU.
De ahí que en la Casa Rosada esperen ahora el desembarco de Roberto Feletti en el Congreso. Si el actual viceministro de Economía no ocupa algún cargo mayor en el Ejecutivo, será sin duda el presidente de Presupuesto y Hacienda. Y desde allí el Gobierno no tendrá problemas para manejar el debate, sobre todo por el perfil poco conflictivo que tiene Feletti con el resto de los bloques.
Hasta ahora, el Gobierno no ha hecho avances en el debate presupuestario. Hace un mes envió a Diputados el adelanto del proyecto de Presupuesto 2012; no hay allí demasiadas novedades ya que de hecho es más un trámite formal que otra cosa.
La verdad sobre las proyecciones llegarán el 15 de septiembre, fecha límite que fija la Ley de Administración Financiera y de los Órganos de Control para la presentación del proyecto de Presupuesto Nacional.
Desde ese momento habrá un largo debate en comisión. Y, salvo un milagro que le asegure al Gobierno la aprobación en las actuales condiciones, habrá que esperar al 10 de diciembre y a las sesiones extraordinarias para presenciar la votación de esa ley.


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