20 de diciembre 2012 - 00:28

Goles, toreos y reproche en la vidriera peronista

Ceñudo, Daniel Scioli abandonó la cancha sin poder batir a Sergio Massa. El gobernador, que juega de delantero con la camiseta 9, no pudo quebrar al intendente que es arquero. El final fue para el local, Glorias de Tigre: 12 a 7, sobre los sciolistas de La Ñata.

Una pausa fubtolística con condimento político. Conocidos desde hace más de 15 años, Scioli y Massa operan como planetas próximos en una misma galaxia pero con órbitas inciertas que no permiten anticipar si en el futuro estarán cerca, o definitivamente lejos.

Para varios peronistas, la hipótesis de la unidad entre el gobernador y el alcalde despierta fantasías para enfrentar a la Casa Rosada, alternativa que parece lejana respecto de Scioli, pero que por el rechazo de los ultra K, gana volumen en cuanto a Massa. La Cámpora, de hecho, lo silbó en Benavídez delante de Cristina de Kirchner.

Sin embargo, antes de enfrentar al gobernador, el intendente compartió un acto con Emilio Pérsico, jefe del Movimiento Evita y funcionario K.

Se desarrolla, hasta ahora, en el territorio de la fábula aunque sus promotores arman para construir ese escenario. El sciolismo de La Juan Domingo sigue, por ejemplo, de safari por las provincias. Ayer el tocó el turno a Mendoza; mañana irán a Santa Fe.

Forma parte de una gira que una semana atrás hizo escala en Neuquén, donde Baldomero «Cacho» Álvarez y Osvaldo «Vasco» Goicochea fueron recibidos por el gobernador Jorge Sapag, además de un café con otro patagónico, el chubutense Mario Das Neves.

Desembarco

No es la única oferta sciolista: La Dos hará la semana que viene su desembarco en Almirante Brown de la mano de Mariano Cascallares, mientras que ayer se lanzó otro espacio alineado con el gobernador, ProyectAR Buenos Aires, que capitanea el ministro de la Producción Cristian Breitenstein.

El massismo, en tanto, se enfoca en la provincia y ahora fijó como objetivo la Tercera Sección, el conurbano sur, donde aparecía con poco volumen, al menos comparado con lo que ocurre en la Primera, conurbano norte y oeste, donde anuda a buena parte de los intendentes.

Nada, claro, es gratis. Lo sabe Patricio Mussi, intendente de Berazategui, que se acercó a Massa a través de Sergio «Chino» Villordo, tentado por la variable «generacional» y hasta concurrió a Tigre para ver, invitado por la organización, el partido Federer-Del Potro.

El coqueteo del alcalde encendió alarmas en el kirchnerismo e hizo sonar los teléfonos de Juan José Mussi, su padre, secretario de Ambiente de la Nación, a quien le reclamaron que responda por su hijo, y hasta le advirtieron que podría, incluso, perder su cargo.

El conflicto familiar tiene varias lecturas. Primero porque replica un método habitual de los intendentes de «mandar» jugadores a cada espacio; segundo porque revela la tentación o el temor que genera la irrupción de Massa; tercero por un histórico pánico K: la traición de los alcaldes.

Sobre ese clima cabalga el cristinismo. Abrazada a ese manual de las lealtades difusas, la jefa del bloque de Senadores del FpV bonaerense, Cristina Fioramonti, esposa de Carlos Kunkel, le ofreció la puerta de salida a una senadora de su bancada que cuestionó medidas del Gobierno nacional.

Se trata de Azucena Ehcosor de Acuña, esposa de Luis Acuña, intendente de Hurlingham, que objetó entre otros ítems, la política de transporte. Lo hizo con extrema dureza y forzó una reacción de Fioramonti que, por carta, la consideró «afuera del bloque».

A su vez, el senador Patricio García expresó su «profundo malestar» por las palabras de Ehcosor y planteó que reflejan un «alineamiento político» distinto al del «proyecto nacional».

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