Washington - «En Honduras podría ocurrir una situación de virtual guerra civil si a Manuel Zelaya se le permite regresar en el actual estado de situación». La definición pertenece a Ray Walser, analista político sobre América Latina de la conservadora Heritage Foundation de Estados Unidos, uno de los principales think tank de los republicanos. En diálogo con este diario, Walser, que trabajó durante 27 años en el servicio exterior, hasta 2007, criticó la postura adoptada por el Gobierno de Barack Obama de rechazar el golpe de Estado.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Periodista: ¿Cree asimilable lo ocurrido en Honduras con los golpes de Estado sudamericanos de la década del 70?
Ray Walser: Referirse a la situación en Honduras como un golpe evoca atroces memorias de la guerra sucia, cuando los gobiernos eran derrocados y reemplazados por opresivas juntas militares. Lo que hemos visto en Honduras fue muy diferente de la era de los dictadores en los 70. En vez de derrocar un Gobierno y reemplazarlo por una junta, el Gobierno interino hondureño actuó para preservar su Constitución y su democracia. Los militares sólo se involucraron ceñidos a lo que manda la Constitución. En ese sentido, Zelaya fue reemplazado por su sucesor, el presidente del Congreso, Roberto Micheletti.
P.: Sin embargo, funcionarios del Gobierno de EE.UU. sí lo califican como un golpe.
R.W.: Las acciones llevadas a cabo por el actual Gobierno interino fueron para preservar la Constitución. Es un hecho que Manuel Zelaya actuó de manera ilegal. La Corte Suprema hondureña y el Congreso hicieron lo necesario para preservar la Constitución, en orden de proteger al país de la potencial polarización de la violencia. La administración Obama se unió a lo que creyó era el consenso internacional, con una visión estrecha acerca de lo que constituyó la interrupción del orden constitucional. Además, Zelaya es asociado con las visiones sostenidas por un variopinto surtido de antidemocráticos y antinorteamericanos, desde Fidel Castro y Raúl Castro hasta Hugo Chávez y Miguel D'Escoto. Sin embargo, desde el comienzo del esfuerzo de mediación hecho por Oscar Arias, la administración Obama examinó la situación en Honduras de manera más cuidadosa, prestando atención a sus leyes y Constitución, y buscó una manera de prevenir una situación de virtual guerra civil, que podría ocurrir si a Zelaya se le permite regresar en el actual estado de situación de punto muerto en las negociaciones.
P.: ¿La acción de Obama tiene respaldo del Congreso?
R.W.: Muchos senadores y diputados están preocupados por el mensaje que Estados Unidos pueda dar de apoyo a los métodos ilegales empleados por Hugo Chávez. También reflejan el sentimiento compartido por cientos de miles de hondureños que no quieren un líder del estilo de Chávez a cargo de su país. Les preocupa la corrupción de Zelaya, los posibles vínculos con el narcotráfico; su manera polarizada de hacer política, orientada a dividir las clases; y por sus continua insistencia en que él es la única voz que habla por Honduras en estos días.
P.: ¿Ve posible que se llegue a un acuerdo entre Zelaya y Roberto Micheletti?
R.W.: Tenemos esperanzas de que la polarización entre los dos pueda ser mediada por Arias, quien demostró que es capaz de manejar este tipo de negociaciones. No creo que se pueda llegar a una conclusión en dos días, tal como Chávez y Zelaya parecen haber esperado. Es esencial para ambas partes participar en las conversaciones que acordaron, en vez de desistir y pedir a EE.UU. mayor intervención.
P.: ¿Qué salidas políticas cree posibles para zanjar la crisis?
R.W.: Arias busca crear un lazo entre ambas partes. Lo más importante es que la verdadera democracia, el orden constitucional y las leyes sean preservadas. En estas negociaciones va a ser difícil que Zelaya continúe con su presidencia. El debate seguirá, pero Honduras ya demostró claramente sus preferencias sobre el futuro gobierno.
Dejá tu comentario