27 de septiembre 2013 - 00:39

GOLPEARON Y APARECIÓ EL DUEÑO

El canciller Héctor Timerman ayer en Nueva York, en donde se entrevistará con su colega de Irán para leerle tres reclamos sobre el acuerdo que espera se cumplan.
El canciller Héctor Timerman ayer en Nueva York, en donde se entrevistará con su colega de Irán para leerle tres reclamos sobre el acuerdo que espera se cumplan.
El Gobierno de Irán pidió ayer una reunión de su canciller con Héctor Timerman para hablar sobre el demorado acuerdo para avanzar en la pesquisa de las responsabilidades en el atentado a la AMIA de 1994. Mañana, en la sede de la ONU, el canciller argentino recibirá a su colega Mohammad Javad Zarif, designado por el nuevo presidente Hasán Rohaní después de ser representante de Teherán ante la ONU. Es decir, un hombre que conoce como pocos el reclamo argentino de extradición de acusados iraníes por esa atrocidad cometida en la mutual judía de la calle Pasteur.

El contacto se produjo ayer a través de un diplomático de la representación en la ONU que se comunicó con un argentino que integra la comitiva de Cristina de Kirchner y de Timerman que permaneció con éste en Nueva York. Ese mensaje fue girado a la embajadora argentina Cecilia Nahón y fue puesto en conocimiento por el canciller de la Presidente.

Timerman adelantó ayer que, leyendo esas expresiones de la Presidente, le reclamará mañana a Zarif un pliego articulado en tres puntos:

1) Preguntará si el Gobierno de Irán ha aprobado o aprobará el protocolo firmado, porque hasta ahora Buenos Aires no tiene conocimiento de que eso se haya formalizado. El pacto se firmó cuando era presidente Mahmud Ahmadineyad, la bestia negra de Medio Oriente para Estados Unidos y sus aliados en la región, pero nunca se comunicó si se había formalizado en el Congreso de ese país. La Argentina tiene una sola constancia de que haya ocurrido algo con ese acuerdo que tiene por parte de Buenos Aires categoría de ley: una declaración a una radio porteña del encargado de negocios de la Embajada en Irán según el cual Ahmadineyad había firmado un decreto. No habló de que se cumplimentase por ley ni dio ninguna constancia de publicación en algún órgano oficial (boletín o lo que fuera).

2) Timerman preguntará cuándo se integrará la comisión de expertos que tiene que analizar la documentación que se ha generado en los dos países sobre responsabilidades de iraníes (los extraditables son cinco) en el atentado. Hasta ahora, el fiscal especial para esa causa Alberto Nisman y el juez Rodolfo Canicoba Corral han sostenido que esas responsabilidades son fehacientes y por esa razón se ha reclamado la extradición de esos ciudadanos. Teherán ha negado hasta ahora cualquier implicación de nacionales de ese país en la atrocidad.

3) Reclamará una fecha para que puedan viajar funcionarios judiciales argentinos a Irán a tomar declaración a los imputados y a recolectar información que haga avanzar la causa. La Justicia iraní ha demandado a Nisman, cuya captura ha pedido y esto es hoy impedimento para que el fiscal viaje a Irán con protección de su libertad. La misma amenaza se proyecta sobre el juez Canicoba. Si esta situación no cambia, la delegación de funcionarios sería integrada por otros enviados. Nisman es autor de un dictamen que incrimina no sólo a esos cinco iraníes; también señala responsabilidades en la organización del crimen y en su encubrimiento de otros funcionarios y exfuncionarios de Teherán, dentro de un plan de expansión del terrorismo de ese país hacia América Latina. Ese dictamen tiene el apoyo de legisladores de Estados Unidos, aunque no lo ha hecho suyo el Departamento de Estado de Washington.

Cristina de Kirchner logró aplicar con éxito una de las máximas políticas que aconsejaba siempre su marido Néstor: ante una situación confusa, pegarle al chancho hasta que aparezca el dueño. Eso hizo el martes cuando habló ante la Asamblea de la ONU y presionó a Irán para que cumpla su parte del acuerdo firmado con Buenos Aires, que fue aprobado en el Congreso con un alto costo político y con el rechazo de las entidades que representan a la comunidad judeo-argentina.

En ese discurso (ver aparte), la Presidente usó un lenguaje duro y recordó que la firma de ese compromiso le había valido críticas de los opositores de su Gobierno. La reacción del Gobierno iraní a esos golpes al porcino fue casi inmediata y se anota como parte de un despliegue de la presidencia Rohaní de abrirse a un acuerdo con Occidente que incluya una negociación de su plan nuclear después de que su antecesor Ahmanineyad llevase las relaciones con Occidente a un nivel casi insoportable.

Entre esos gestos figura la admisión por parte de su país del Holocausto. Un gesto notable porque se aparta de la corriente del negacionismo. Esta toma de posición es un gesto amistoso y negociador que fue seguido por la reunión de ayer de Zarif con el canciller de Obama, John Kerry, la primera que mantienen los dos países (formalmente, se entiende) desde la crisis de los rehenes de 1979, cuando se instauró el régimen de los ayatolás. No opaca esa expresión del iraní que la agencia oficial de noticias de su Gobierno haya dicho que se malentendió su frase: admite el Holocausto, pero no se conmisera con sus víctimas. (Ver nota en pág. 14.)

A la espera de la reunión de mañana, el Gobierno argentino se comunicó ayer a través de la oficina de Nahón con funcionarios del Departamento de Estado y de la Casa Blanca para anunciarles el envío de una carta de Timerman en la que pide que Estados Unidos incluya en la agenda de sus negociaciones con Irán el tema de la AMIA. El argumento que respalda ese pedido es que Washington siempre ha manifestado su condena al atentado y ha apoyado los pedidos de la Argentina para que se conozcan responsabilidades y se haga justicia.

Este reclamo al Gobierno Obama cumple, además, un punto clave en la decisión de la Argentina en haber avanzado en este protocolo: ponerse a la altura de las potencias que arrinconan a Irán, pero que, como Estados Unidos y otros países, siguen conversando con sus autoridades.

El Gobierno argentino ha pagado un costo político alto por este acuerdo, entre otras cosas porque nunca ha dado un argumento que convenza a sus opositores y a las entidades judías de la oportunidad de firmarlo. Ha negado la leyenda de un acuerdo económico detrás de la decisión y ha sostenido que es la mejor forma de avanzar en el conocimiento de qué ocurrió y quién actuó en el atentado. Los críticos de la iniciativa han avanzado con éxito en el reproche de que Irán es el menos interesado en que se conozca la verdad porque, según los fiscales y el juez, estaría probada la culpabilidad iraní.

El Gobierno no ha logrado darle visibilidad a este argumento de que se actúa así porque es lo mismo que hace Estados Unidos al criticar a Irán y negociar al mismo tiempo. Es un punto que no ha tenido quien lo escuche, pero que quizás ahora, cuando la negociación Washington-Teherán se hace en la superficie, alcance alguna visibilidad. Eso era imposible decirlo en voz alta cuando la puja con Ahmadineyad parecía al borde de los tiros. En una de esas ahora puede alcanzar alguna solidez en un tema en el cual el Gobierno confió mucho, pero ahora comienza a desconfiar, algo que demuestra el tono de las palabras de la Presidente en la ONU y la fuerza que le dará Timerman a algo que será una queja que puede hacer caer el acuerdo si no hay respuesta firme.