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Goran Bregovic: “Tocar sobrio en escena no tiene sentido”
Goran Bregovic, el mayor artista de la música gitana balcánica y ex orquestador de los films de Emir Kusturica.
El año pasado Bregovic presentó su versión de Carmen de Bizet, rebautizada Karmen con final feliz, de la que ofrecerá fragmentos en su próximo show en la Argentina. Será en el marco del Festival de Otoño, donde el músico y compositor bosnio brindará un show el Lawn Tenis Club, el 17 de abril. Además tocarán en ese festival el intérprete flamenco El Cigala, las portuguesas Misia y María Joao, en diferentes días.
Conversamos con Bregovic sobre la que él denomina «Carmen para pobres» y el conmovedor recuerdo de sus padres que lo llevó a titular su último disco «Alkohol».
Periodista: Cuando tocaron en Sarajevo, después de 15 años, dijeron sentir que la guerra por fin había terminado. ¿Cómo se vive ahora, en permanente reconstrucción?
Goran Bregovic: En realidad cuando uno nace en un lugar como Sarajevo siempre se está preparado para las malas noticias. Por años hemos vivido en crisis, hasta se sentiría raro si alguna vez ese caos desaparecería. Para nosotros es el estado normal de las cosas.
P.: ¿Como influye esto en su creación artística?
G.B.: Dado que soy un compositor profesional y me acerco al trabajo como algo automático, no veo que tenga que buscar una motivación (o arrogancia) diferente a la que necesitaría cualquier trabajador. Compongo ocho horas por día y me siento tan motivado o desmotivado como cualquiera. La mayoría de los artistas que admiro tienen el mismo acercamiento a su trabajo: desde Thomas Mann a Picasso, desde Stravinsky a Brecht.
P.: ¿Cómo fue recibida su «Karmen con final feliz», inspirada en Bizet, pero que termina con un casamiento?
G.B.: La intención de la «Karmen con final feliz de Goran Bregovic» es la de dar vida a una ópera donde los gitanos puedan tocar y actuar. Los gitanos en los Balcanes o en Rusia no actúan Carmen de Bizet porque para tales puestos deberían necesitar diplomas de academias de música. Para eso debería existir un Estado con un Ministerio de Cultura que subsidiara un proyecto de esas características, algo que para «Weddings and funerals» («Bodas y funerales») de ningún modo ocurre. Nadie del Estado lo financia ni pagaría para poder escuchar esa música.
P.: ¿Qué fue lo que le atrajo de Carmen de Bizet para realizar su adaptación?
G.B.: Primero hay que aclarar que mi ópera no es de ningún modo una adaptación, podría haberse llamado de cualquier otra manera, pero el destino de mis personajes necesitaban Carmen de Bizet en lo concerniente a la narrativa arquetípica. Comencé con la hipótesis: Si tomara uno de mis músicos gitanos, cualquiera que toque en mi orquesta de «Bodas y funerales», y lo llevara a ver «Carmen», la única ópera famosa con un gitano, ¿cuál sería su reacción?
P.: ¿Y cuál fue la respuesta?
G.B.: En mi hipótesis sería: si Dios quisiera eso en la vida gitana, en la vida de esta Carmen, la libertad sería lo único por lo que realmente merecería la pena vivir y morir. Y si eso no es posible en la vida real, por qué al menos no puede serlo en esta ópera, la única en la que aparece un gitano y claro, no tiene un final feliz.
P.: ¿Qué requisitos de interpretación tiene su ópera?
G.B.: Está escrita para ser interpretada por la orquesta de «Bodas y funerales» pero puede ser tocada en cualquier lugar del mundo y hasta por pobres. Hasta existe el término para esto, «arte povera», pero para mi esto no es un mero concepto, es la realidad.
P.: En su próximo show en la Argentina, ¿podremos escuchar fragmentos de esta Carmen?
G.B.: Por supuesto, habrá fragmentos, y también habrá canciones de mi último álbum, «Alkohol» y los clásicos «Tales & Songs from Weddings and Funerals». Será un mix explosivo.
P.: En cuanto a este último disco, de alta graduación no sólo en el título, se supo que llegó luego de verse a sí mismo actuar completamente borracho en un festival.
G.B.: Yo sólo tomo sobre el escenario y durante el concierto. Cuando vi ese show en Guca, entendí que como había tomado y actuado muy bien ese día, entonces le dediqué el nombre de mi último CD: «Alkohol».
P.: ¿Como es que por contrato debe tener una botella de whisky en el escenario y que en la vida cotidiana no bebe? Además asegura que tocar sobrio no tiene sentido.
G.B.: Mi madre se divorció de mi padre porque, como la mayoría de los oficiales, tomaba demasiada «sljivovica». Después que ella lo dejó, él hizo un tratamiento para dejar de tomar y durante los próximos 15 años logró no volver a tomar. Mi madre murió de leucemia y más tarde supe que durante esa agonía, mi padre se sentaba junto a ella, en el hospital militar en Split, hasta el amanecer. esperando y fumando. Luego regresó a su pueblo en la frontera con Hungría y plantó un viñedo que daba 1000 litros de bebida por año. Él sobrevivió a mi madre, sobrio, pero se tomó esos 1000 litros, solo. Dediqué «Alkohol» a mis padres.
P.: ¿Como evalúa la escena de la música actual, el rock, la electrónica?
G.B.: Vivimos en una era maravillosa donde todos los géneros musicales coexisten y todos pueden encontrar música para sus oídos. Me alegra que los DJs hayan comenzado a interesarse en la música balcánica porque genera que nuestra música, desde una cultura tan chica, se expanda alrededor del mundo. Eso nos hace sentir además que nuestra música puede aportar algo nuevo.
P.: Ha dicho una vez que, mientras la música gitana jamás desaparecerá, la otra música puede ser tocada en restaurantes y pasar inadvertida.. ¿a qué se refiere?
G.B.: La música gitana no morirá pese a que no la admitan en restaurantes caros, mientras de donde yo vengo es habitual que las orquestas gitanas entren en un local y toquen por la propina. Pero como los trompetistas tiene que dar vuelta su instrumento y dejar caer la saliva acumulada, no es decoroso para que califique como «música para restaurantes». Esos lugares han arruinado la música gitana rusa, el flamenco, porque los músicos se han adaptado a sus standards chic. Escupir salvará a las trompetas de ese peligro, ¡gracias a Dios!
P.: ¿Qué recuerdos tiene de sus shows en Argentina?
G.B.: La audiencia latinoamericana tiene una enorme pasión que no encontré en ningún otro lugar del mundo. Una vez que has sido expuesto al público latinoamericano, los otros públicos parecen sedados y salidos de un baño de sales. Mi único problema es que en Argentina tengo la sensación de que cualquiera puede cantar y tocar la guitarra mejor que yo, aunque se trata de un problema que cualquier extranjero sentiría en la Argentina.
P.: ¿Por qué dice que el improvisar tanto y divertirse sobre escenario, como con amigos, lleva a que el público también disfrute? ¿La improvisación no pone en riesgo la calidad? Siempre que ustedes disfrutan implica que al público le ocurre lo mismo?
G.B.: Creo que la impresión de que improvisamos viene de que tocamos lo mejor que podemos. Yo toco con extraordinarios músicos y cuando la calidad de la actuación es alta, la música está viva y todos, nosotros y el público, estamos conmovidos como si tocáramos la canción por primera vez. En mi extenso curriculum figura que pasé de músico en locales de striptease a rockstar, lo que me enseñó que si yo me divierto tocando en un concierto, lo mismo ocurre con el público.
Entrevista de Carolina Liponetzky


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