Grecia: termina hoy era de salvatajes del Fondo Monetario (pero no la crisis)

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Atenas - Hoy Grecia saldrá oficialmente del tercer y último plan de ayudas internacionales que evitaron su bancarrota y la salida del euro, a cambio de muy pesadas reformas económicas.

Y, en las palabras pronunciadas en junio por el primer ministro Alexis Tsipras, por primera vez vistiendo corbata, ahora Grecia debería "volver a ser un país normal".

Una normalidad que no significa el final de la crisis económica y social que desde hace casi nueve años aplasta a la nación helénica.

Los problemas para gran parte de la población siguen siendo graves, tales como desocupación, reducción drástica de salarios y jubilaciones, dificultades en el sector de la Salud y migración al extranjero de casi medio millón de ciudadanos, entre otras consecuencias del ajuste.

El presidente del Banco Central de Grecia, Yannis Stournaras, destacó que queda "mucho camino por recorrer" para sanear la economía.

La república griega desde hoy caminará sobre sus propias piernas pero el funcionario, que habló de efectos positivos de las medidas draconianas impuestas por tres memorandos de salvataje, en particular en liberalización y costo laboral, advirtió: "No se debe volver atrás", respecto de los compromisos asumidos con los acreedores.

De otra manera, aseguró, los mercados con los cuales Atenas deberá contar para vender su bonos y refinanciar la deuda externa "abandonarán" a Grecia.

Y tal situación, agregó, resulta particularmente peligrosa porque "existe una fuerte turbulencia internacional, tanto en Italia, como en Turquía y en la economía global, por lo que afrontaremos dificultades para volver a los mercados, dado que el coeficiente de sensibilidad de los títulos del Estado griego sigue alto".

Ahora, según las autoridades griegas, comienza a verse una luz al fondo del túnel, al menos en los números de la economía: el crecimiento del PBI, en 2018, traspasará el 2%, arribando al 2,3% en 2019, según un reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OSCE). A lo que se debe agregar que durante la crisis la caída total rondó un 26%.

La desocupación, según el ente de estadística griego Elstat, llegaba en mayo del presente año al 19,5%, tras llegar a alcanzar 28% en 2013.

La relación entre deuda y PBI, siempre según la OSCE, en el lapso de un año y medio debería descender debajo de la barrera del 170%, llegando a 168,3%, con un avance primario del presupuesto del 4,5%.

Grecia ve ahora resurgir las exportaciones, que crecen a un 5% anual, pero para 2019 se prevé que también la demanda interna suba 2,9%, así como el gasto público, destinado a expandirse luego de los recortes extremos de los últimos años.

Se estima además que el turismo, vital para la economía griega, atraerá a 30 millones de visitantes en 2018, un récord.

Estos últimos años, en los cuales 260 mil millones de euros le fueron dados en préstamos a Atenas por parte del Banco Central Europeo, socios europeos y el Fondo Monetario Internacional, resultaron devastadores para gran parte de la sociedad griega, en particular para los sectores más postergados de la población que hoy sobreviven con ingresos y pensiones de pocos centenares de euros.

También se registraron continuas protestas populares y huelgas, incluso violentas, límites a los retiros bancarios, tras la fuga de divisas ante el temor de un "Grexit", y la permanente sensación de estar al borde del abismo o directamente en caída libre.

El inicio de la "tragedia griega" se dio a fines de 2009, en plena crisis financiera mundial, cuando el entonces primer ministro George Papandreou declaró que sus predecesores habían falsificado las cuentas públicas.

Luego de años de terremoto económico, político y social y sacudones para toda la Eurozona, el giro decisivo fue el referendo convocado por Tsipras en julio de 2015, en el cual fueron rechazadas las exigencias europeas a cambio de un nuevo tramo de ayudas.

Unas medidas que luego debieron ser asumidas de hecho ante la imposibilidad del país que corría el riesgo de dejar de pagar salarios y jubilaciones. Desde entonces, Tsipras, pagando un pesado precio en términos de consenso popular, condujo el entendimiento con los acreedores, en un recorrido accidentado, que desde hoy inicia una nueva era.

Agencia Ansa

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