Gremios críticos deciden si le “vacían” la CGT a Moyano

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 «Rota», toreó Oscar Lescano. Astillada, resulta más acertado. La CGT se zambulló anoche en un circuito frenético de tironeos y negociaciones que podría terminar, hoy al mediodía, con una estampida en bloque de los gremios críticos del camionero Hugo Moyano.

La cita, convocada en Sanidad, se proyecta como la coronación de un conflicto que recrudeció en las últimas dos semanas y podría redibujar un escenario similar al 2007 cuando, disconformes con los modos de conducción, los «gordos» abandonaron la central.

El matiz, respecto a aquella fractura -de la que participó Luis Barrionuevo, hoy con su propia CGT, la Azul y Blanca-, sería que esta vez otros dos gremios poderosos, UPCN y UOCRA, también evalúan pegar el portazo. Por entonces, permanecieron dentro de la cúpula.

Anoche, inquietos por el impacto de una fractura, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y los ministros Carlos Tomada y Julio De Vido encararon gestiones contra reloj para impedir la ruptura. Armando Cavalieri discutió cara a cara con Tomada en Trabajo.

En paralelo, hubo contactos con Moyano para que aplaque las embestidas contra sus críticos. Aplicado, el camionero acató: por TV bajó la intensidad de las parrafadas, se mostró dispuesto al diálogo y hasta se animó a preconizar que «la sangre no llegará al río».

En medio de los sacudones, el desenlace final depende de tres variantes. A saber:

  • No había, hasta anoche, postura unificada entre «gordos» e «independientes». El sector que comparten Cavalieri, Lescano, Carlos West Ocampo (Sanidad) y José Pedraza (Unión Ferroviaria) impulsa la táctica de «vaciar» la CGT con una renuncia masiva al Consejo Directivo mientras que Gerardo Martínez (UOCRA) y Andrés Rodríguez (UPCN), aunque furiosos con el camionero, prefieren alternativas menos extremas como «no participar» de las reuniones convocadas por Moyano pero sin dejar sus cargos en la central. Parece una sutileza pero no lo es: sobre todo porque dejar los cargos implicaría perder el derecho a participar en negociaciones y ámbitos, como el Consejo del Salario y la OIT. Ayer hubo un cruce virulento entre West Ocampo, que arrastra una malquerencia histórica con Moyano -al punto que se negó a asumir cargos en la CGT cuando fue reelecto el 8 de julio de 2008- y Martínez sobre ese tema. No se unificó criterio y existía, anoche, el riesgo de que se repita la situación de 2007.

  • El Gobierno encaró, con más virulencia de lo que admite en público, gestiones para evitar que se fragmente la CGT. El riesgo operativo es que podría perder representatividad el sector gremial en la mesa de diálogo lo que le quitaría soporte a esa instancia de negociación con los empresarios -que prefieren tener enfrente al dirigente gremial de su rubro-. El riesgo político es más sutil: un «puscht» contra Moyano por parte de «gordos» e «independientes», luego de que éstos pidan un gesto del Gobierno, se leerá como un golpe también contra los Kirchner porque dejará a la CGT reducida al MTA moyanista y, con ese mismo criterio, el respaldo cegetista a la Casa Rosada quedará, por derivación, también diezmado. Por eso, días atrás un ministro trató de quebrar el frente «gordos-independientes» con ofertas de subsidios oficiales. Se topó con una negativa: «Yo no soy Moyano». Tomada, siempre componedor, le abrió anoche su despacho a Cavalieri en Trabajo luego de que terminaron las gestiones por las paritarias de la UOM.


  • El tercer vértice es el camionero que ayer recuperó el medio tono y suspendió las bravuconadas contra sus críticos a los que, apenas 24 horas atrás, acusó de «hacerse los Rambos». Sin diálogo con sus antagonistas, Moyano eligió la TV para enviar señales de distensión. Más temprano, Pedraza había avisado -menos feroz que Lescano, que puso su vozarrón para pronosticar una crisis inevitable con Moyano- que esperaban algún gesto del camionero. Lo hubo: evitó, al menos, repetir el brevario de maldiciones del martes aunque no se privó de compararlos con Luis Barrionuevo. «Son lo mismo: siempre estuvieron muy cerca», los provocó. En tanto, ante los suyos, Moyano dice que se preparen para volver al núcleo duro del MTA al que, por ahora, pareció reintegrar a Roberto Fernández, de UTA, con quien estaba distanciado pero que no participaba de la maniobra rebelde contra el camionero. En definitiva, Moyano está acostumbrado: durante una década encabezó una CGT disidente y luego de la unidad sufrió la salida de los «gordos» y el barrionuevismo.
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