21 de enero 2015 - 00:00

Guantánamo, en primera persona

 Washington y Londres - Al segundo o tercer día de su llegada a la prisión de Guantánamo, Mohamedou Ould Shlahi se vino abajo en su celda: "Continuamente tenía que vomitar y por eso estaba totalmente deshidratado", escribe el preso número 760.

Antes había sido interrogado durante nueve meses, primero en Jordania y después en la base aérea estadounidense en Bagram, Afganistán, antes de ser atado, aturdido, vestido con una capucha sobre la cabeza y enviado al campo de internamiento de Guantánamo en Cuba.

El mauritano de 44 años, que estudió técnica electrónica en Duisburgo, en Alemania, donde vivió durante muchos años, contó sus experiencias en un diario que salió ayer a la venta. Mientras tanto continúa preso en la misma celda en la que escribió sus memorias.

Sólo las disputas jurídicas por el "Diario de Guantánamo" de Slahi prueban lo explosivas que pueden ser las 466 páginas escritas a mano. Durante más de seis años sus abogados lucharon para conseguir que se publicara el manuscrito, siempre bajo los estrictos protocolos del Ejército estadounidense: el texto se guardó en un lugar seguro cerca de la capital Washington, permitiéndose sólo su acceso a quienes disponían de las máximas competencias de seguridad en el país. Además, antes de la publicación se tacharon y censuraron páginas enteras.

Ahora salió a la luz una visión detallada y tímida de uno de los capítulos más oscuros de la historia del Ejército estadounidense, sólo unos meses después de que un informe del Senado describiera como tortura algunos de los métodos de interrogatorio empleados por la CIA tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

La historia de Slahi se une a esas revelaciones con su perturbadora imagen de las cámaras de tortura de Guantánamo: fue intimidado, humillado, desmoralizado y así forzado a la confesión mediante la privación de sueño, interrogatorios sin fin, encierros en una cámara de frío a unos 10 grados Celsius, golpes, insultos y humillaciones. "No muestren piedad. Aumenten la presión. Llévenlo a la locura", citó Slahi a uno de los vigilantes.

Continuamente pensaba en su familia. Tras años de aislamiento, se le permitió finalmente reanudar el contacto.

Ayer, con motivo de la presentación del libro en Londres, su hermano Yahdih Ould Slahi aseguró que es inocente y que por eso pudo resistir. "Si tuviera que hablar sobre todo lo que sufrió mi familia estaría aquí más de un día".

Agencia DPA

Dejá tu comentario