27 de octubre 2009 - 00:00

Guerra comercial con Brasil: Argentina citó al embajador

Guerra comercial con Brasil: Argentina citó al embajador
La Argentina y Brasil volvieron a un clásico: la guerra comercial vía aplicación de trabas a las importaciones (o exportaciones, según el caso) y las protestas diplomáticas mutuas por esta situación. Para hoy, la Cancillería argentina citó al embajador de Brasil en Buenos Aires, Mauro Vieira, por las trabas e inspecciones aduaneras no anunciadas que el país vecino está aplicando en la frontera a los camiones que intentan llevar alimentos perecederos a ese mercado, y que se ven desde hace algo más de 10 días.

Éste es en realidad el último capítulo de una serie de ofensivas cruzadas que comenzaron cuando desde la Argentina, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, dictaminó que sólo pueden importar aquellas empresas que antes demuestren que exportan. Esta medida no escrita, nacida como una especie de protección a la industria nacional en épocas de crisis financiera internacional, ya generó protestas de los principales socios argentinos, incluyendo China, Estados Unidos y la Unión Europea, pero hasta ahora sólo generó un serio conflicto comercial con Brasil.

Según denunciaron al Ministerio de Producción varios exportadores y transportistas locales, desde comienzos de octubre, en la frontera del norte argentino están demorados, entre otros, envíos de harina de trigo y premezcla, ajo, vino, aceitunas, aceites, alimentos elaborados y congelados, comida para animales y frutas frescas del Alto Valle que afectan las ventas de provincias argentinas. En todos los casos se trata de productos perecederos, que tienen fecha límite de entrega y que, vencido este plazo, deben tirarse. Es una forma clásica que tiene Brasil de acelerar negociaciones.

Sobre la situación, el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, se manifestó ayer «preocupado por la interrupción del flujo comercial con Brasil, ya que varios camiones con productos perecederos argentinos están siendo demorados en las diferentes fronteras con el país vecino sin aviso previo».

El canciller dijo, además, que instruyó al secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía, para que se reúna hoy con el embajador brasileño y le transmita la «preocupación por estas decisiones que interrumpen el flujo comercial», según declaró después de recibir al viceprimer ministro turco, Cemil Cicek, en la sede de la Cancillería.

Déficit

El comercio bilateral sumó en los primeros nueve meses del año u$s 16.179 millones, un 31,8% menos que en igual período de 2008, con un déficit para la Argentina de u$s 367 millones.

En realidad, las relaciones comerciales entre la Argentina y Brasil, principales socios del Mercosur, se tensaron primero por las trabas aduaneras dispuestas por Buenos Aires, mediante licencias de importación no automáticas que demoran el ingreso de productos brasileños y que forman parte del menú morenista de reactivación de la economía argentina. Esto provocó la reacción oficial de empresas de capitales brasileños radicadas en el país, en sectores como petróleo, alimentos, calzados, textiles, plásticos, agroquímicos y construcción. En todos los casos, sólo se les aplicó el criterio «un peso un dólar», por cada importación- exportación.

Los más quejosos fueron los productores de calzado brasileños instalados en el mercado local, como Paquetá, Vulcabrás y Penalty. En todos los casos, la protesta radica en que estas empresas no pueden continuar con sus líneas de producción, al no poder confeccionar el calzado por falta de insumos. La situación generó protestas públicas de la poderosa FIESP paulista (la asociación de industriales más grande de Latinoamérica) y diplomáticas por parte del Gobierno de Lula da Silva.

Sin embargo, no hubo cambio en la política local, y lentamente comenzó la represalia brasileña con un clásico del país vecino. Como varias veces en la década del 90 y en dos oportunidades desde que los Kirchner llegaron a la Casa de Gobierno, Brasil comenzó a aplicar restricciones paraarancelarias (trabas legales, pero no incluidas en los parámetros normales del comercio exterior). Primero fueron las prohibiciones, por cuestiones de códigos de circulación interna en el país vecino, para las exportaciones de camiones argentinos. La situación fue denunciada por Cristina de Kirchner el jueves pasado en el lanzamiento de un nuevo modelo fabricado en la planta de IVECO en Córdoba.

Formalidad

Ayer la protesta se convirtió en algo formal. Mauro Vieira deberá visitar la sede de la Cancillería nuevamente para discutir por un problema comercial bilateral serio y quizás en una de sus últimas misiones. El diplomático, hombre de confianza personal de Lula, está a punto de dejar su misión en Buenos Aires, cerrando una gestión que había comenzado a fines de 2004. Amigo personal del canciller Celso Amorim, Vieira es definido como un integrante «progresista» de la línea de carrera de Itamaraty, la sede de la diplomacia brasileña. Reemplazó en la embajada al legendario José Botafogo Gonçalvez, histórico negociador con la Argentina en los 90 y especialista en las paraancelarias aduaneras fronterizas que ahora vuelve a aplicar Brasil.

El próximo embajador de Lula llegará en los próximos días. Se trata de Enio Cordeiro, hasta ahora subsecretario general para América del Sur de la cancillería del país vecino, y considerado un «pragmático» de Itamaraty. Cordeiro viene con un antecedente interesante: fue el negociador en Tegucigalpa para que el presidente derrocado Manuel Zelaya fuera alojado en la embajada brasileña en Honduras.

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