En primer lugar, resultó que en 2004 cada argentino generaba casi 20% más riqueza que lo que se estimaba con la anterior metodología. ¿Por qué resulta que usted, yo y nuestro vecino estábamos -y estamos hoy- mejor de lo que creíamos? Van aquí algunas hipótesis -que podrían ocurrir en forma aislada o concurrentemente-: (i) porque entre 1993 (año base de la anterior metodología) y 2004 (base de la nueva metodología) la economía argentina creció más de lo que creíamos; (ii) porque en ese mismo período los precios aumentaron más de lo que nos habían informado; (iii) porque hubo un esfuerzo muy significativo (mucho mayor al llevado adelante cuando se realizó la estimación anterior) por incluir en las nuevas cifras a la economía informal. Dejo planteados los temas. No tengo una respuesta, al menos por ahora. Por un lado, porque todavía no tenemos acceso a las metodologías que permitieron realizar las nuevas estimaciones; por otro, porque no sabemos qué ocurrió, utilizando esta misma metodología, en el período 1993-2004. Sin embargo, sí se puede decir, por ejemplo, que es muy difícil que una mejor estimación de la economía informal -una tarea que había sido muy atendida con las cuentas de 1993- explique semejante diferencia (¿cuánta más economía informal debía haber para generar un PBI un 20% más alto?). Con relación a la hipótesis de los precios, vale recordar que para aquella época el INDEC era una institución sumamente respetada; tanto es así que no había mediciones alternativas, ni de precios ni del PBI. ¿Mayor crecimiento en el período previo al que se había estimado? En principio podría ser, pero dónde está la evidencia? En cualquier caso, estas nuevas estimaciones muestran un crecimiento real de la economía posterior a 2004 sensiblemente menor que el hasta ahora medido por INDEC. ¿Errores en el censo económico de 1993 que significan partir de una economía más grande?
Por otra parte, llama la atención que en el año 2014, cuando las recomendaciones internacionales (Naciones Unidas, CEPAL, OCDE, FMI, Eurostat) indican que las estimaciones de cuentas nacionales deberían realizarse sobre la base de índices encadenados, la Argentina haya elegido una vez más utilizar un año base determinado. Las metodologías con índices encadenados, utilizadas hoy en la región, entre otros, por Chile, Brasil y Colombia y más al norte por Guatemala, Nicaragua y República Dominicana, tienden a minimizar las correcciones que aparecen cuando, cada aproximadamente 10 años, se cambia el año base. La principal, pero no única, ventaja de estos índices es que actualizan la estructura de precios, evitando el problema de la obsolescencia presente al utilizar una base de precios fija.
Un último punto. La nueva metodología presenta los valores agregados sectoriales -el producto final de cada sector de actividad económica- valuados a precios básicos; esto es, incluyendo los subsidios que recibe la actividad respectiva y excluyendo los impuestos (distintos del IVA y los derechos de importación que se consideran por separado) que paga. Para llegar al PBI a precios de mercado (los precios que usted y yo pagamos), se deben netear los subsidios porque si no estaríamos considerando riqueza a meras transferencias, además de estar imputando precios que no se pagan efectivamente. Esto no es lo que aparece en las nuevas estimaciones, que incluyen los subsidios al nivel de los sectores, pero no los excluyen cuando se estima el PBI a precios de mercado. El argumento es que como los subsidios no son percibidos por todos los consumidores, entonces quedan incorporados al PBI.
Ahora bien, un subsidio, que es considerado como tal cuando se estima el valor agregado de un sector, ¿deja de serlo porque no es lo suficientemente universal? ¿Cambia esto el concepto de subsidio? Aquí hay un problema de imputación. El criterio no puede diferir cuando se hace la estimación sectorial y cuando a partir de ella se llega al valor del PBI. Es cierto, sin embargo que, dado que los subsidios a sectores económicos eran de escasa magnitud en 2004, ello no altera de manera significativa la base. Su muy fuerte crecimiento, en cualquier caso, da lugar a diferencias que se incrementan año a año y que, para el año 2013 alcanzan al 3,6% del PBI en valores corrientes o al 2,2% si sólo consideráramos los subsidios a la energía y agua.
En suma, habrá que esperar a la anunciada publicación de las metodologías que dan sustento a las nuevas estimaciones. Hasta que ello ocurra, navegamos con una brújula que no sabemos si marca el norte. Mientras tanto, y sólo a modo de ejemplo, la presión tributaria bajó instantáneamente del 39,5% al 31,6% del PBI, dejando de ser la más alta de Latinoamérica; seguimos alto, pero por debajo de Brasil. ¿Cambiará esta nueva perspectiva las decisiones de política tributaria? ¿Tendrá incidencia en otras políticas públicas? ¿Y en las decisiones de algunos acreedores, que ven un país de mayores ingresos? La lista de interrogantes sigue. Pero además, no sabemos qué nos están diciendo estos números. Sólo a modo de ejemplo: a fines de 1999, cuando empezaban a vislumbrarse problemas de sostenibilidad, la relación de deuda pública a PBI apenas orillaba el 43%, ¿sería que en realidad esa relación estaba más cerca del 35%?
| (*) Economista Senior de FIEL |


Dejá tu comentario