29 de abril 2011 - 00:00

Hace setenta años, el ciudadano Orson Welles revolucionaba el cine

El estreno de «El ciudadano» fue boicoteado por William Randolph Hearst, magnate de la prensa en cuya figura se inspiró Orson Welles. También se intentó quemar las copias.
El estreno de «El ciudadano» fue boicoteado por William Randolph Hearst, magnate de la prensa en cuya figura se inspiró Orson Welles. También se intentó quemar las copias.
El domingo 1 de mayo, admiradores de todas partes celebrarán los 70 años de «El ciudadano» («Citizen Kane»), obra cumbre de Orson Welles y del cine entero, según reiteradas encuestas mundiales que comenzaron con una de 1958 en Bruselas. Allí recibió el primer puesto y, desde entonces, sigue entre los diez primeros. Muchos dicen, incluso, que esa obra dividió la historia del cine en antes y después de «El ciudadano». Paradójicamente, su estreno pasó casi inadvertido.

Su presentación fue en una sala de Broadway, y tuvo muy poca prensa. Es que pocos se animaban a comentarla, porque el magnate periodístico William Randolph Hearst había ordenado ignorarla completamente. Los mismos magnates de Hollywood, temerosos de Hearst, habían querido comprar el negativo para quemarlo. Pero «El ciudadano» se impuso por sí mismo, y fue creciendo en la admiración de la gente de cine y, en especial, de todo el público del mundo, ajeno a las intrigas domésticas de los norteamericanos. Para el mundo, esa era sencillamente una película formidable, una obra de arte, una intriga genialmente realizada, para colmo por un muchacho de 26 años que recién había hecho, con ésta, su primera película.

Acá fue un éxito, tanto que al año siguiente, aprovechando que Welles estaba en Rio de Janeiro, la primitiva Academia Argentina de Cine lo trajo como invitado de honor de su entrega de premios. Eran otros tiempos. Después, ya se sabe, cuando Welles volvió a Hollywood descubrió que su segunda película había sido rearmada, no le dejaron terminar la tercera, etc. No hizo ninguna más tan admirable como aquella, pero hizo varias buenas, se mantuvo como actor de carácter, entretuvo a cercanos y profanos con trucos de magia y sonrisa amable y dominante, crió panza, y mucha y muy merecida fama.

Varios recursos de «El ciudadano» son ahora moneda corriente, pero ningún autor ha sabido emplearlos, todos juntos, como Welles. Sus lecciones fueron, sin embargo, ampliamente aprovechadas, desde el melodrama de Carlos Borcosque con Libertad Lamarque «Yo conocí a esa mujer», 1942, en adelante, incluyendo, si se quiere, una cinta de luchadores mexicanos, «La leyenda de una máscara», 1991, cuyo propio autor, José Buil, declara haber hecho «una vil parodia. Su tema es grandilocuente igual que el mío, pero la diferencia es que Welles leyó muy bien a Shakesperare y yo muy bien al Memín Pinguín» (un comic mexicano).

Esa parodia se consigue. También «El ciudadano» en copia restaurada junto al documental «La batalla por El ciudadano» (M. Epstein & T. Lennon, 1996), muy superior al malicioso «RKO 281», que se pone de parte de Hearst. Lo que no se consigue, porque se rompió el master, es un excelente corto de Javier Garrido, «Puzzle», 1991, ganador de varios premios internacionales, donde José Martínez Suárez compone al utilero encargado de llevar y cuidar la ventana que ha de usarse en la película de un joven debutante. En la última escena se advierte cuál es esa película. Buen ojo de Garrido, la famosa ventana de «El ciudadano» es igual a las del edificio de la UBA de Pueyrredón y Las Heras.

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