24 de febrero 2009 - 00:00

“Hacerlo de a poco crea sólo nervios y confusión”

Nouriel Roubini, el economista-gurú que anticipó la crisis global, asegura que cree en la economía de mercado y reclama la nacionalización temporaria de los bancos estadounidenses en problemas y su posterior reventa, como una solución «market-friendly». El llamado «Dr. Desastre», altamente demandado por los medios de comunicación, es lo más cercano a un rock star entre los economistas, justamente por especializarse en predecir las debacles. A continuación, los puntos principales de la nota con el diario The Wall Street Journal.

La idea de nacionalizar los bancos hubiera horrorizado semanas atrás, pero en el contexto del enfoque sueco de los 90 (tomar el control de los bancos, limpiarlos y venderlos rápidamente al sector privado), es claro que es una medida temporaria. Nadie está a favor de que el Gobierno se haga cargo de forma permanente del sistema financiero.
La idea de que el Gobierno entregue billones de dólares para intentar rescatar a las instituciones financieras no es atractiva porque el costo fiscal es mucho mayor. Así, en lugar de ver la nacionalización como bolchevique, se la considera pragmática. Paradójicamente, la propuesta es mucho más agradable a los mercados que la alternativa de los bancos zombie.
La propuesta de nacionalizar bancos ya recibió explícita aprobación de gente como Graham y Greenspan. Esto da a Barack Obama un resguardo. Creo que lo veremos adoptar esta política en los próximos meses. Dentro de seis meses o menos.
Incluso las empresas que hoy parecen solventes se verán insolventes; casi todos los bancos serán insolventes pronto. En ese caso, si se los toma a todos de una sola vez, causará menos daño que de hacerse cargo de algunos ahora y crear confusión y nerviosismo.
Entre garantías, apoyo de liquidez y capitalización, el Gobierno ya ofreció entre u$s 7 y u$s 9 billones para ayudar al sistema financiero. Ya está controlando de hecho una buena parte del sistema bancario. La pregunta es si pasará a la etapa «de jure».
Se empezó por los bancos que eran demasiado grandes para caer, pero lo que ocurrió en el proceso es que estos bancos se volvieron incluso más grandes para caer. JP Morgan se hizo cargo de Bear Stearns y Washington Mutual. Bank of America compró Countrywhide y Merrill Lynch. Wells Fargo, a Wachovia. ¡Esto no funciona! No se puede unir a dos bancos zombie y crear un banco fuerte. Es como tener dos borrachos tratando de mantener en pie el uno al otro.
Tomar un banco grande, dividir sus activos en tres o cuatro partes permitiría crear tres o cuatro bancos regionales o nacionales más fuertes. La nacionalización (o cesación temporal de pagos, si se quiere) es la oportunidad de deshacer esta consolidación que ha creado un riesgo sistémico más importante aún. Y, básicamente, la única forma de hacerlo es absorberlos y fraccionarlos.
Muchos otros economistas captaron bien ciertos elementos de la crisis. Robert Shiller estaba muy preocupado por la burbuja inmobiliaria. Steve Roach llamó la atención sobre que una economía basada en burbujas de activos que alentaran burbujas de consumo era insostenible. Ken Rogoff advirtió que los desequilibrios globales en los déficits de cuenta corriente no eran sostenibles. Nassim Taleb estudió los acontecimientos no esperados, impredecibles. Mucha gente alertó acerca de estas cosas. Yo fui uno de los que unió los puntos y, por tanto, dio una imagen más completa.
Creo en la economía de mercado. Parafraseando a Churchill, la economía de mercado podría ser el peor régimen económico disponible, con excepción de sus alternativas. Existen, a veces, fallas de mercado y cuando éstas se producen hay un espacio para la regulación prudente, no excesiva, del sistema financiero. Greenspan estaba totalmente equivocado al creer que los mercados se autorregulaban y que no había fallas de mercado.
En los mercados financieros sin los controles apropiados rige la ley de la selva, porque hay codicia. No hay nada malo en la codicia, per se, pero la codicia debe ser moderada, en primer lugar, a través del temor a las pérdidas, y en segundo lugar, por una regulación y supervisión que evite los riesgos excesivos.
En los años de la burbuja, todos se convierten en porristas, incluso los medios de comunicación. Creo que allí hubo una falla. Me hubiera gustado que los periodistas, ante inversores que estaban obteniendo retornos del 100%, se preguntaran cómo eso era posible. ¿Es porque son más listos que todos los demás... o porque están tomando tanto riesgo que irán a la quiebra en dos años? En esos años, nadie hizo preguntas difíciles. Un buen periodista es aquel que, en tiempos de bonanza, desafía el saber convencional.

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