Hay subas con fascismos

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La codicia hace que muchas veces se confunda lo que es un mercado financiero que funciona «bien», con otro que simplemente sube. Desde los 70 quedó demostrado (estaba claro desde mucho antes) que durante períodos de alta inflación o devaluación acelerada las acciones tienden a comportarse, no como partes de un emprendimiento económico, sino como bonos cupón cero cuyo valor lo determina un subyacente físico que ajusta -aunque en el largo plazo no de manera integral- en función de la desvalorización de la moneda, y que en casos extremos (híper-inflación/devaluación) pasan a compararse como opciones de compra sobre dichos activos físicos (con las oportunidades y riesgos que ello apareja). Esto explica por qué las acciones pueden subir -al menos durante un tiempo- en economías donde el Gobierno destruye los mercados, regula los precios, fuerza a vender activos financieros y físicos legítimos a algunos de sus ciudadanos y prohíbe a otros comprarlos, controla el flujo de la información, etc. (todas características de lo que S. Payne, R. Paxton, R. Bosworth, K. Passmore, U. Eco, etc., definen como gobiernos fascistas). Desde ya que el Gobierno norteamericano -por más que algunos políticos populistas digan lo contrario- no es fascista aunque hay varios con esta orientación, sobre todo en la Unasur. Pero el ejemplo anterior sirve para graficar que el modelo de valuación de las acciones puede cambiar en función de la realidad social, política y económica. Así lo que ayer golpeó a los inversores, tal vez hoy no lo haga o incluso tenga un efecto contrario. Por esto preferimos no adscribir el 0,3% que perdió el Dow al cerrar en 13.944,05 puntos, únicamente a los dichos del presidente del BCE ni a los últimos datos del empleo.

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